La presidenta Claudia Sheinbaum, de México, y el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, comparten varias similitudes en contextos distintos, y su simple enumeración brinda luz sobre nuestro país.
Ambos están siendo salpicados por escándalos de corrupción al más alto nivel. En el caso de Sheinbaum, hay varios gobernadores, senadores de la República, diputados y parientes de López Obrador que han sido señalados por corrupción y vínculos con el crimen organizado, pero las investigaciones son escasas y las imputaciones prácticamente inexistentes. El propio López Obrador, como fundador del partido en el gobierno, ha sido señalado por sus presuntos vínculos con el crimen organizado. En el caso de Pedro Sánchez, su hermano, su esposa, sus manos derechas están siendo imputados con acusaciones varias, e incluso algunos de ellos ya están en la cárcel sentenciados. El propio expresidente Rodríguez Zapatero, considerado por Sánchez como “faro moral del partido en el gobierno”, está siendo imputado por diversos delitos.
Ante escándalos de esta magnitud, la presidenta Sheinbaum los minimiza, exige pruebas (aunque muchas veces son evidentes) y que los interesados denuncien si consideran que hay algún delito que perseguir. Algunas personas que han denunciado han aparecido muertas, presumiblemente por el “crimen organizado”, como el caso del contralmirante Fernando Guerrero que denunció el huachicol fiscal ante el secretario de la Marina. Por su parte, Pedro Sánchez minimiza los escándalos, revira con un “y tú más” atacando a los opositores, y si acaso toma alguna decisión, es apartarlos de su partido y distanciarlos del gobierno. Nunca admite responsabilidad política alguna.
Tanto Sheinbaum como Sánchez son considerados factores de poder que polarizan a la sociedad. La polarización, que se transmite en México como los conservadores, los neoliberales, “los de antes” son todos oposición al gobierno. Quien no piensa como yo, está en el lugar equivocado, quienes no son de Morena son adversarios y hasta enemigos. En España, el gobierno del presidente Sánchez coloca en una misma cesta al Partido Popular de centro-derecha con el Partido Vox de extrema derecha, a pesar de tener profundas diferencias. Sus partidos aliados de coalición aprovechan esa maniobra para ser los partidos bisagra que sostienen al gobierno y extraen de él tantas ventajas como pueden, como es el caso de los partidos independentistas de izquierda y de derecha.
Ambos gobiernos se autodenominan de izquierda y se autocalifican como progresistas, pero sus políticas y su comportamiento tienen un rasgo muy distinto. En México, el gobierno se autodenomina de izquierda porque reparte programas sociales y dinero, al tiempo que deteriora las instituciones que garantizan los derechos sociales fundamentales como la salud y la educación, no atiende a las víctimas de la violencia ni a los grupos más vulnerables. Aumentó el salario mínimo, sí, pero su política ha deteriorado el Estado de derecho lo que ha llevado a la reducción de la inversión y al estancamiento económico. En el caso de España, muchos en la izquierda critican a su propio partido en el gobierno y lo tildan, en voz del expresidente Felipe González, como de “izquierda reaccionaria”.
Pero de todas estas similitudes hay una enorme diferencia. Mientras que en México el gobierno de la 4T ha sido capaz de socavar el Estado de derecho y nulificar la división de poderes con el Poder Judicial “del acordeón”, en España existe separación de poderes, independencia judicial y una autoridad fiscalizadora y de procuración de justicia profesional e independiente. Las instituciones democráticas son mucho más sólidas en España que en México, y lamentablemente el deterioro institucional en nuestro país continúa. La consecuencia es que mientras en México existe acaparamiento del poder, justicia selectiva para denostar o acabar con los opositores y una impunidad generalizada para los allegados al régimen, en España estamos atestiguando el ejercicio de la justicia mediante procesos judiciales al entorno más cercano del presidente, incluso al expresidente Rodríguez Zapatero. Sí, en ambos países hay terrible corrupción al más alto nivel, pero en España sí hay consecuencias. En México, si eres de Morena, ninguna.
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