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La guerra de los globos

Hay cosas que nunca tienen reversa, como un engaño, un instante o un disparo. Ryszard Kapuscinski fraseó el tiempo en términos periodísticos, “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de importar”. Eso sucedió la semana pasada cuando Estados Unidos sembró la mentira de que drones de narcotraficantes mexicanos amenazaron a la aviación comercial en el sur de Texas, lo que motivó  el cierre del Aeropuerto Internacional de El Paso.

Fuera de la vista del público, se vivieron horas de tensión durante el breve cierre aeroportuario. El gobierno de Estados Unidos contaba con una oportunidad única de haber atacado con sus drones artillados, desde la base militar de Fort Bliss, a los narcos mexicanos en Ciudad Juárez. Una persecución en caliente de dron contra dron. Donald Trump ha presionado para que drones de la CIA ataquen a narcos  mexicanos. ¿Por qué el Pentágono no lo hizo? 

En parte por la confusión creada por la orden de cerrar el aeropuerto entre el Pentágono, la Federal Aviation Administration (FAA) y las autoridades civiles de El Paso. La única ocasión previa en que se había cerrado el aeropuerto fue durante los ataques del 11 de septiembre a las Torres Gemelas de NY. Finalmente, después de horas de desorientación informativa, el Pentágono dijo que se utilizó un láser de alta tecnología para derribar a drones extranjeros, que resultaron ser globos como los que los niños usan en las fiestas.

Quienes dieron la voz de alerta por el narcodron mexicano en la frontera, fueron oficiales de Aduanas y Protección Fronteriza que utilizaron un láser de alta energía antidrones que les proporcionó el Pentágono, sin dar aviso a la FAA, ni solicitar su autorización. En total el daño a la aviación comercial fue limitado, se cancelaron en El Paso siete aterrizajes y siete despegues. Pero hubo una alerta nacional causada por un globo.

Para agrandar aún más el caos informativo, la fiscal general de EU, Pam Bondi, fue citada en el Capitolio para hablar sobre Jeffrey Epstein. Y al querer desviar la atención sobre el depredador sexual, dijo que “nuestro ejército está derribando drones de los cárteles. Esto es lo que debería preocuparnos ahora”, afirmó. De inmediato fue desmentida por un representante que le informó que no hubo un ataque con narcodrones mexicanos sino falta de comunicación entre el Pentágono y la FAA.

Incluso para abonar más al  desconcierto, el secretario de Transporte de EU, Sean Duffy, anunció que fue “neutralizada” la amenaza (inexistente) que representó el narcodron mexicano en la frontera común. 

Además de que el gobierno de Estados Unidos cuenta con información fehaciente de que narcotraficantes mexicanos utilizan drones principalmente para vigilar, transportar drogas y para atacar desde el aire al ejército y a rivales. Pero hasta los criminales conocen sus límites. Sus drones no cruzan la frontera porque saben que tendrían una represalia contundente de parte de Estados Unidos. 

Un funcionario del Consejo Nacional de Seguridad especializado en drones informó en el Capitolio que en 2024 se detectaron 60 mil vuelos de narcodrones mexicanos en la frontera, principalmente para sabotear los trabajos de la Patrulla Fronteriza, pero a 500 metros de la línea divisoria.