El faro civilizatorio de Afganistán, Iraq, Somalia, Siria, Libia y Venezuela proyecta ahora su oscuridad sobre Irán. En medio de la escalada de bombardeos que dejaron mil muertos en la primera semana de guerra, el presidente Donald Trump llamó al pueblo a rebelarse en contra del régimen de los ayatolas, para luego contradecirse al exigir ser el gran elector del futuro líder teocrático.
A 10 mil 300 km de distancia y 15 horas de vuelo entre Washington y Teherán, Trump quiere controlar a la Guardia Revolucionaria Islámica, al aparato represor y a las plantas enriquecedoras de uranio a través de un ayatola supremo que le obedezca y controle a una población de 90 millones de mayoría persa y azarí de religión chiita. Evitar en Irán las sendas de conflicto y caos de los gobiernos de Afganistán, Libia, Irak y Siria.Repetir en Irán el esquema de Venezuela donde EU impuso a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Solo que nunca una potencia extranjera ha podido imponer la democracia mediante el uso de las armas. Irán y Venezuela son muy distintos, un régimen teocrático frente a otro presidencialista. Venezuela solo tiene un tercio de la población de Irán, que es 85% más grande que Venezuela. A Israel quizá le da igual el vacío de poder de Irán después de la guerra, pero no es el caso de EU, interesado en la ubicación estratégica del estrecho de Ormuz, el petróleo y la desnuclearización del régimen teocrático.
Al alentar la rebelión, Estados Unidos ha quedado mal con muchos pueblos que luego abandonó a su suerte. La lista comienza en 1956 en Hungría. Una gran multitud de húngaros tomó las calles en Budapest tras el llamado de Radio Europa de EU a rebelarse con la promesa de armarlos en contra del régimen comunista. Tanques soviéticos invadieron después Hungría y hubo más de 3 mil muertos sin que EU interviniera.
En Bahía de Cochinos, la CIA armó a cientos de refugiados cubanos que invadieron la isla desde Florida con la promesa del apoyo aéreo que nunca llegó. Murieron 100 invasores y hubo más de mil detenidos por el gobierno de Fidel Castro que se fortaleció con la fallida incursión. Después de la Tormenta del Desierto para sacar a los invasores iraquíes de Kuwait, George H. W. Bush llamó a la población de mayoría chiita a rebelarse en contra de Saddam Hussein, para después ser masacrada por la Guardia Republicana sin que EU interviniera.
Durante los 47 años del régimen de los ayatolas han muerto, torturado, herido y encarcelado a 100 mil iraníes entre opositores, críticos y periodistas. Tan solo entre 2025 y 2026, cerca de 6 mil iraníes que protestaban pacíficamente fueron asesinados. Un par de ellos condenados a la horca. Este régimen teocrático, acusado por la ONU de crímenes de lesa humanidad, es producto de una monarquía autocrática y represiva, la del del Sha de Irán, impuesto por un golpe de estado de la CIA y del M16 inglés en contra del primer ministro democráticamente electo, Mohammad Mossadegh, que había nacionalizado el petróleo. Es ahí donde comenzó la confrontación histórica entre EU e Irán que llega a nuestros días.
La lucha en contra de terroristas islámicos se extendió por 20 años en Afganistán (contra sólo 8 años en Vietnam) y casi 10 en Irak. En conjunto se enviaron 300 mil soldados estadounidenses a Afganistán e Irak, donde el Tesoro erogó 25 mil millones de dólares sin que jamás se haya logrado controlar la violencia en esos países del Medio Oriente. Tan solo en Afganistán Estados Unidos dejó a los talibanes en su apurado retiró (como en Vietnam) más de un millón de armas, entre helicópteros, tanques y equipos de inteligencia y vigilancia. Tropas de EU se retiraron de Irak en medio del caos, sin que se hubiera formado un gobierno y con el país sumido en la violencia sectaria entre chiitas, sunitas y kurdos.
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