Malabarismos. La intención es la que vale. O es la que sobrevivirá a esta nueva fallida intentona de golpe contra lo que queda de la democracia en México. Y así se lo podrán decir a la presidenta sus operadores en las cámaras del Congreso al rendirle (malas) cuentas del naufragio a la vista de la iniciativa de contrarreforma político-electoral del régimen en el articulado constitucional. Con malabarismos de última hora en la composición de las comisiones dictaminadoras, seguro en estas horas ha quedado o quedará aprobado el dictamen respectivo en las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales y Reforma Electoral. Pero en las siguientes horas ese dictamen será discutido y votado -en contra- por el pleno de la Cámara de Diputados, con todo y su propósito final de perpetuar al actual grupo gobernante en el control de todos los poderes del Estado.La
La ‘transformación’ y la sobrerrepresentación permanente. Trotsky publicó en 1904 su Teoría de la revolución permanente, cuya lectura siguió atrayendo a los revolucionarios de varias generaciones, incluso después de la caída en desgracia, la persecución y el asesinato del autor, a manos de Stalin, el dictador soviético y de los partidos comunistas del mundo. Pero hay que decir que en los exponentes supuestamente de izquierda del presente régimen quedó apenas un dudoso rastro de literatura revolucionaria del siglo pasado. No se invoca la revolución permanente, sino la (cuarta) transformación permanente, a través de la sobrerrepresentación permanente de sus secuaces en los órganos del Estado. Viene el plan B para intentarlo ahora a través de reformas a leyes secundarias.
La intención sobrevive. Aunque sin esperanzas del coordinador de los diputados oficialistas de contar con los legisladores de los partidos satélite, la intención del agandalle permanente del poder sobrevivirá, como la búsqueda, hoy, de legisladores vulnerables a la extorsión.
