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“Ya nada qué destruir en Irán”; en México, poco

Atisbos. Sin tener noticias comprobadas al momento de enviar estas notas, de la formalización del resultado previsto en la Cámara de Diputados sobre la contrarreforma político-electoral propuesta por la presidenta Sheinbaum, o acerca de un desenlace de la guerra contra Irán, o sobre el juego contra Italia, que a estas horas ya habrá definido la sobrevivencia o la eliminación de México del Campeonato Mundial de Beisbol, quien le escribe se ve obligado a vencer la presión de los horarios, a partir de atisbos.

¿Sobrevivencia o autodestrucción? En su edición de este miércoles, La Jornada, afín al régimen, dio por derrotada la iniciativa, pero no el deseo de ver reducidos a la nada a los partidos de oposición, en ruta -allí va el detalle- a una dictadura unipartidista. Los partidos aliados el régimen, esta vez fuera de la alianza, se escuchaban decididos -hasta antes de empezar la sesión en San Lázaro- a romper con sus votos la mayoría calificada, resueltos contra una iniciativa presidencial que, de aprobarse, significaría su muerte. Pero, quizás por la costumbre de expresarse en la ‘neolengua’ que Orwell observa en el totalitarismo, o como amenaza, el minieditorial del diario, ‘Rayuela’, sembró una duda en sentido contrario al móvil de sobrevivencia en la deserción de los aliados: “No, no votaron en contra de la reforma, ¿votaron en favor de su autodestrucción?”.

Destruir en Irán y en México. Trump celebró con un cinismo no visto acaso desde las ‘justificaciones’ de la expansión alemana del nazismo, que “prácticamente no queda nada” por atacar y destruir en Irán. Y algo así podría haber celebrado el régimen mexicano de haber pasado esta contrarreforma política. Prácticamente no quedaría aquí ya nada por destruir entre las normas y las instituciones democráticas. Ahora algo queda, pero sobre ese algo vienen las siguientes batallas.