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Cuba y la “solidaridad” mexicana: llorar o reír de rabia

Lenin decía que “el comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país”. A los rusos les tomó muy poco tiempo descubrir que tanto el comunismo como la electrificación eran una farsa (una farsa terrorífica de comisarios criminales y burócratas corruptos).

A la izquiera de todo el mundo le llevo décadas aceptar que en la URSS el proletariado no tenía el poder y que quienes sí lo tenían habían construido un vasto imperio totalitario que iba desde Kolimá (la representación más cabal y siniestra del Gulag, al noroeste de Siberia) hasta el Muro de Berlín.

Desde los años 50 y 60 buena parte de la izquierda europea sabía que los constructores del Muro y los gulags, los invasores y represores de Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), no encarnaban ninguna “patria socialista”. Pero la izquierda latinoamericana no se daba por enterada; reconocer estas atrocidades, penosamente, le supuso (en el caso de que haya terminado por reconocerlas) mucho más tiempo.

Entusiasmada con la revolución cubana, que fue el primer proyecto abiertamente socialista de la región, la izquierda se puso la camiseta del Che, los discos de la Nueva Trova, los monitos de Rius (lo único que leyó la gran mayoría de sus líderes, en México al menos) y adoptó el discurso del “bloqueo económico” para justificar la miseria permanente del pueblo cubano y las constantes crisis.

Me acordé de aquello de que “el comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país” pensando en el apagón del domingo en Cuba. Los isleños que conocían la expresión de Lenin debieron haber llorado o reído de rabia al recordarla. Porque el comunismo en Cuba nunca ha electrificado nada. Lo que ha hecho es electrocutar a algunos presos políticos para torturarlos y generar un permanente corto circuito entre la dramática realidad y la ficticia verdad oficial.

También deben llorar o reír de rabia los cubanos que escuchen a la presidenta mexicana o a su maestro y líder López Obrador –representantes de una izquierda ignara y rústica que nunca se dio por enterada del totalitarismo soviético ni de las atrocidades de la dictadura en la isla– defender la farsa de la “autodeterminación” y “la soberanía del pueblo cubano”, el cual por cierto no ha participado de unas elecciones democráticas desde 1948.

En medio del apagón y de las carencias más terribles en la isla, los cubanos que escuchen o lean a estos piadosos “humanistas” que pretenden explicar la situación de Cuba culpando al “bloqueo” de Estados Unidos para luego pedir apoyo económico a los mexicanos y así seguir siendo “solidarios” cómplices de la dictadura, pueden también llorar o reír de rabia.

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