Perpetrar y eludir. Concentrados en deformar el sistema político electoral para no pagar en las urnas por los efectos desastrosos de la gestión AMLO/Sheinbaum, un tema les pareció irrelevante a la presidenta y a quienes deciden quiénes preguntan y de qué preguntan los reporteros en las mañaneras. Fue la obligación de rendir cuentas por la catástrofe de la educación pública, inocultable en el informe de la UNESCO.
Violación de expectativas. Pero ya hay responsables de la violación de las expectativas de la oferta de un sexenio de la ciencia avalado por una presidenta científica. Con la autorización del reconocido especialista Carlos Mancera, pero bajo mi responsabilidad, van algunas causas del fracaso surgidas de nuestra conversación tras el reporte de UNESCO. Y como acusado más visible aparece un director de Materiales Educativos (cuarto nivel jerárquico en la SEP) sembrado por la familia López Obrador, desde donde este funcionario menor se adueñó del discurso, de gran tajada del presupuesto de la SEP y del liderazgo de la política educativa del régimen.
Relación de agravios. Entre otras causas del desastre: libros indignos de llamarlos de texto. Prácticamente sin contenidos en matemáticas y lectoescritura, ausentes de herramientas pedagógicas, prolijos en errores en materia de ciencia, pero cargados de ideología rupestre, los libros resultaron inutilizables en el mejor de los casos y nocivos en el peor. Y están las aportaciones al fracaso del sectarismo de la llamada Nueva Escuela Mexicana, la nula capacitación de docentes y las becas indiscriminadas a estudiantes verdaderos y a los sólo inscritos, incentivo poderoso para el creciente abandono escolar. La devolución por AMLO al sindicalismo del poder de decidir nombramientos y ascensos sin evaluación, concurrieron también al fracaso, junto a la destrucción del federalismo educativo que ahora el plan B se propone extender a los ayuntamientos y Congresos estatales.
