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Las vías del ‘nearshoring’

Saltillo, Coah.- Durante años, el tren fue visto como una pieza del pasado. Hoy, en el norte del país, vuelve a colocarse en el centro de una conversación distinta: la de la competitividad.

El proyecto ferroviario que conectará Saltillo, Monterrey y Nuevo Laredo no es solamente una apuesta por la movilidad de pasajeros. Es, en realidad, una señal clara de hacia dónde se está moviendo el mapa industrial de México.

Porque si algo ha dejado claro el fenómeno del nearshoring, es que las decisiones de inversión ya no se toman únicamente por costo. Se toman por eficiencia logística.

Y en esa ecuación, la infraestructura lo es todo.

El corredor Saltillo-Monterrey-Nuevo Laredo concentra una de las cadenas de valor más importantes del país: la automotriz. Aquí se produce, se ensambla y se exporta. Aquí operan empresas de autopartes que forman parte de cadenas globales que no pueden detenerse. Aquí, cada minuto cuenta.

En ese contexto, un tren no es un símbolo. Es una ventaja competitiva.

La posibilidad de mover personas, y eventualmente optimizar la logística,  a través de un sistema ferroviario moderno impacta directamente en la productividad de la región. Reduce tiempos, mejora la conectividad entre ciudades clave y fortalece el vínculo con la frontera, que sigue siendo el punto de salida hacia el mercado más importante del mundo.

Pero hay algo más profundo. El tren también redefine la lógica de localización empresarial.

Las empresas no solo buscan instalarse donde hay mano de obra o incentivos fiscales. Buscan ecosistemas. Lugares donde la movilidad, la infraestructura y la calidad de vida permitan atraer y retener talento, operar con eficiencia y crecer con certidumbre.

Y ahí es donde el norte tiene una oportunidad y una responsabilidad.

Porque este tipo de proyectos no eleva a todas las ciudades por igual. Eleva a aquellas que están preparadas para integrarlos en una visión de desarrollo más amplia. A las que entienden que la competitividad no se construye solo con industria, sino con ciudad.

La pregunta no es si el tren va a detonar crecimiento. La pregunta es qué ciudades van a saber convertir esa conectividad en valor.

En una región donde el sector de autopartes opera bajo estándares globales, donde la sincronización logística es crítica y donde la presión por ser más eficientes es constante, cada decisión de infraestructura pesa. Y pesa mucho.

Hoy, el norte de México no solo compite dentro del país. Compite con otras regiones del mundo que también buscan atraer inversión. Compite con Estados Unidos, con Asia, con Europa del Este.

En ese nivel, la diferencia no la hace un anuncio. La hace la capacidad de articular un corredor funcional, eficiente y conectado.

El tren es una pieza de ese rompecabezas. Pero no es la única.

Lo que está en juego no es un proyecto ferroviario. Es la consolidación de un corredor empresarial capaz de sostener el ritmo del nearshoring, de responder a las exigencias de la industria global y de seguir posicionando al norte como una de las regiones más competitivas del país.

Porque al final, las vías no solo conectan ciudades. Conectan cadenas de valor. Y en esa conexión, se define quién lidera… y quién se queda atrás.

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