Culiacán, Sin.- En Culiacán existen alrededor de 23 mil empresas de comercio y servicios, solo 396 votaron en la elección de su dirigencia en febrero pasado. En medio de la peor crisis económica y de seguridad del sector, los comicios internos de la Canaco eran un proceso determinante del rumbo de estos negocios y de la estrategia para lograrlo. No hay participación del empresario. Apenas 900 son miembros activos de esa cámara. Con 207 votos ganó la candidata del gobierno.
A la mayoría de los sinaloenses la narcopandemia los encontró sin vínculos entre ellos, sin confianza en los actores económicos y sociales, desconfiando hasta de sus vecinos y sin reconocer liderazgos creíbles.
Un tejido social fracturado, sin el cual es muy difícil imaginar soluciones.
Hay un concepto de análisis para ello: el capital social, la capacidad de una sociedad para unirse y resolver sus problemas comunes.
Hay tres procesos de calado histórico, que han determinado a la sociedad sinaloense como mayormente individualista, que no cree en el ejercicio colectivo. De poco capital social.
Primero, el dominio violento del crimen organizado. Los ciudadanos no necesitan estar bien con sus similares, con los de a lado. Necesitan estar bien con los de arriba, con los jefes narcos que pueden ejercer la violencia impunemente contra ellos. El otro ciudadano se convierte en un competidor por el favor del patrón.
“Tengo la amistad de un pesado” es una frase más presumible y escuchada que “los vecinos nos organizamos para…”
Segundo, el dominio corporativo del priismo. Para acceder a los recursos del gobierno había que pertenecer a las organizaciones oficiales, la unión independiente de los ciudadanos fue perseguida.
En las organizaciones oficiales no había democracia, los dirigentes los imponía el gobierno, no había vida propia, eran una correa de transmisión. Así se atrofió el músculo ciudadano para unirse.
Tercero, el dominio populista de AMLO. Las programas sociales con más dinero no crean organización de beneficiarios, no hay comités, son entregas individuales. Esa base no se reúne con sus semejantes, su interacción es con el cajero automático. Las organizaciones de la sociedad civil son consideradas enemigas. La crítica y la independencia son objeto de agresiones por parte de la misma presidenta de la República. No hay campo fértil para una libre asociación. El gobierno no lo promueve, la ataca.
Según la encuesta de percepción de seguridad del INEGI, 80 por ciento de los sinaloenses tiene miedo, eso implica un malestar, una inconformidad con la situación.
Podemos fundamentar la hipótesis de que la falta de participación en resolver nuestros problemas comunes no es el conformismo ni la apatía sino la desconfianza en las acciones colectivas, en los partidos y las instituciones y la falta de organizaciones confiables, formales o informales, que vinculen a los ciudadanos y articulen una acción coordinada.
No es desinterés, es falta de articulación, de capital social.
Optan por lo que conocen: el individualismo. Fracasan porque no asumen la realidad de que el esfuerzo y el talento de una persona tiene el límite de lo que es posible en la sociedad.
Permitimos que sucediera una narcopandemia en nuestra vida porque cada quien actuó por su lado y eso siempre es insuficiente ante los grandes problemas sociales.
La historia dice que las acciones colectivas son las que modifican la sociedad. En los últimos 100 años son las que han derribado dictaduras y extinguido mafias criminales. Fundado cursos de desarrollo, como en España.
Entendamos al individualismo desconfiado, necesita nuevas formas.
Tejamos vínculos de colaboración con los demás.
Ciudadanía que deje de ser objeto, con voz y voto.
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