La frase de la presidenta no estuvo acompañada de ningún anuncio para reducir el precio de la gasolina de alto octanaje
La frase de la presidenta no estuvo acompañada de ningún anuncio para reducir el precio de la gasolina de alto octanaje

Este miércoles, frente al encarecimiento de la gasolina Premium y su impacto directo en el bolsillo de las familias mexicanas, la presidenta Claudia Sheinbaum ofreció en su conferencia mañanera una respuesta limitada: “Pueden cargar Magna”.
La frase —dicha en respuesta a los cuestionamientos sobre el costo del combustible— no estuvo acompañada de ningún anuncio para reducir el precio de la gasolina de alto octanaje. En su lugar, la solución planteada fue trasladar la carga al consumidor, sugiriendo optar por el combustible más barato.
El contraste es inevitable. Durante su campaña presidencial, el entonces candidato y después presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que con la llegada de la llamada Cuarta Transformación el precio de la gasolina bajaría hasta 10 pesos por litro. A más de un sexenio de esa promesa, la realidad es que los precios siguen determinados por subsidios diferenciados, impuestos y condiciones internacionales.
El contexto actual tampoco es menor. A nivel global, los precios del petróleo han caído alrededor de 15%, una reducción que, en teoría, podría reflejarse en el costo final al consumidor. Sin embargo, el gobierno federal ha optado por una postura cautelosa, argumentando la incertidumbre derivada de tensiones geopolíticas como el conflicto entre Irán y Estados Unidos.
En los hechos, la política vigente privilegia el subsidio vía IEPS para la gasolina Magna (87 octanos), lo que permite contener parcialmente su precio. La Premium (91-92 octanos), en cambio, recibe menor apoyo fiscal, manteniéndose como la opción más cara.
La recomendación presidencial no modifica el problema de fondo, sino que desplaza la elección hacia el combustible subsidiado.
Además, no se trata de una decisión trivial. La diferencia entre Magna y Premium no es solo económica, sino técnica, ya que el octanaje determina la resistencia del combustible a la detonación dentro del motor. Para ciertos vehículos, usar un combustible distinto al recomendado puede afectar su desempeño.

La respuesta sobre la gasolina no es un hecho aislado. Forma parte de una serie de declaraciones recientes en las que la solución planteada por la jefa del Ejecutivo se sustenta más en ajustes individuales que en intervenciones estructurales.
En materia financiera, este mismo miércoles, Sheinbaum defendió que la Unidad de Inteligencia Financiera pueda congelar cuentas sin orden judicial: “Ahora si la UIF encuentra que hay presunto lavado de dinero puede inmovilizar una cuenta…”, señalando que, en caso de inconformidad, el afectado deberá recurrir a un amparo que podría resolverse en seis meses.
De las violaciones constitucionales o del riesgo de abusos contra los mexicanos, algo que han alertado juristas, legisladores y especialistas en la materia, la presidenta no dijo nada e incluso aclaró que ningún empresario debe temer porque no se incurrirá en nada “fuera de la ley” o político.
En política alimentaria, el 28 de marzo, desde Zacatecas, sostuvo: “El frijol es un alimento bendito, tiene proteínas, si se combina con un cereal como el maíz, como el arroz, es casi como si uno comiera carne”, promoviendo su consumo como alternativa nutricional.
La frase, aunque no es incorrecta en la parte científica y nutricional, sí alude de forma directa a los bolsillos de los mexicanos, que ahora mismo deben pagar un kilo de carne de res entre 150 y 260 pesos, mientras que el kilo del frijol, a marzo de este año, es de 22 pesos.
El 29 de marzo de 2025, al abordar el costo de la electricidad, Sheinbaum afirmó: “Nuestro objetivo es que baje más el costo de la luz. ¿Cómo lo vamos a hacer? Pues si se consume menos electricidad se va a pagar menos…”, para luego añadir que se instalarán paneles solares en viviendas, sin detallar un impacto inmediato en tarifas.
En conjunto, las declaraciones muestran la constante de que, frente a problemas económicos concretos —energía, combustibles, ingresos— las respuestas oficiales se concentran en modificar hábitos individuales o en plantear alternativas indirectas que no resuelven los problemas de fondo ante inflación y alto costo de la vida.
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