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Es evidente el cambio de régimen en México que ha ocurrido en los últimos siete años: una fuerte regresión desde un régimen y una sociedad que pretendía construir una democracia liberal, con contrapesos que limitaran la acumulación de poder, con independencia del árbitro electoral y del Poder Judicial, y con un Poder Legislativo que sí reflejara la pluralidad del país. El país se ha transformado en un régimen político que concentra los tres poderes, elimina los contrapesos democráticos y vulnera las libertades individuales ante la discrecionalidad del uso del poder, sin límites ni reglas que apliquen a todos.

Así está la situación y así es como ya se reconoce por propios y extraños. México ha cambiado dramáticamente.

Y ante esta realidad, uno se pregunta, ¿cómo es el día a día de la gente? ¿Cambian algunos de sus hábitos cotidianos si el gobierno ya no tiene contrapesos? ¿La persona se reconoce vulnerable a cualquier atropello gubernamental o de la impartición de la justicia? ¿Sabe que su vida privada y la seguridad de sus datos personales son cada vez más endebles? ¿Cómo debe actuar ante actos de autoridad con los que no está de acuerdo y, aunque sabe que la ley debía protegerle, también está consciente que los jueces ya no son ni medianamente independientes? ¿Qué tan dispuestas deben estar las personas a callar ante injusticias que observen por el temor a represalias de cualquier tipo? ¿Cómo vive la gente en este régimen? ¿Deben acostumbrarse o simplemente voltear al otro lado cuando observen la corrupción rampante de políticos y “empresarios” cercanos al régimen, que se han enriquecido de la noche a la mañana? ¿Cómo deben actuar si es evidente un fraude electoral o cuando hay un acarreo de votantes comprados con dinero público o del narco? Y si nada de eso les preocupa, ¿cuáles son sus expectativas para el futuro y cómo las gestionan ante esta realidad? Los jóvenes que están estudiando o inician su vida laboral se enfrentan a situaciones muy difíciles. Por ejemplo, ¿qué expectativa de trabajo tienen al concluir sus estudios? ¿Piensan que son capaces de crear un futuro promisorio, de progresar cuando observan que los empleos son escasos y mal pagados, y que incluso las actividades más simples están sujetas al cobro de piso? ¿Qué piensan de las dádivas que da el gobierno si les tocan, o qué piensan si no les tocan? ¿Cómo forman su criterio si la información está amañada y controlada por el gobierno?

Y los niños, ¿cómo les afecta que en México tengamos un régimen autoritario, con nexos con el crimen organizado y apuntalado por las Fuerzas Armadas? ¿Se acostumbrarán a vivir en una sociedad que no tiene libertades? ¿Les parecerá normal que ni siquiera puedan ir a su escuela cercana caminando con sus hermanos o con amigos por temor de sus padres a que les pase algo? ¿Cómo les afectará en su forma de ver el mundo y la vida si consideran como algo normal que el hermano mayor de alguno de sus amigos haya desaparecido y sus padres teman por su vida? ¿Se acostumbrarán a vivir en inseguridad permanente? ¿A cuidarse de casi cualquier persona? ¿Verán como un evento normal un tiroteo cercano a su escuela que les obligue a acostarse en el suelo y esperar a que pase el sonido de los disparos? ¿Cómo quedarán marcados?

No sé la respuesta a estas preguntas, pero no me cabe la menor duda de que este nuevo régimen afecta ya la vida cotidiana y la manera de ver el mundo de todos nosotros.

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