A escasos 15 años de haber nacido el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) como partido, se ha convertido en una pésima replica de lo que ha sido el PRI desde su nacimiento como PNR.
En un mundo donde la inteligencia artificial redefine la productividad, la sustentabilidad moldea la economía y las redes sociales transforman la interacción humana, resulta alarmante que la política mexicana permanezca atrapada en paradigmas del siglo pasado.
Mientras las sociedades evolucionan, exigen innovación y transparencia, el sistema político mexicano parece empecinado en reciclar prácticas jerárquicas opacas y reactivas.
¿Por qué la política en México no avanza?
Porque ha optado por maquillar sus vicios con discursos modernizados, pero sin replantear las estructuras que perpetuán el control y el clientelismo. Es un sistema que mide su éxito en acumulación de poder, no en impacto social.
El sistema de los partidos en México, reflejado en Guerrero está muy desgastado, acartonado, necrosado. A 96 años de haber nacido como Partido Nacional Revolucionario (PNR), el PRI no ha cambiado, ni cambiará nunca, se ha “empequeñecido”. Vertical, patrimonialista, autoritario.
Clanes familiares, mafias y cofradías siguen lucrando con los derechos de la militancia, el trabajo político, la convicción y los principios. Excluyente, sectario, todo menos regido por principios de democracia interna.
Incapaz de la autocrítica. Proclive a las decisiones cupulares; a los cónclaves secretos detrás de la puerta. Todo visto con un futurismo pernicioso. De perfil caciquil. Compadrazgos y connivencias; sociedades y prestanombres.
Además de círculos cerrados, en donde no tienen cabida los principios ni la lealtad. En Morena al igual que en el PRI, parafraseando a Catón en la Roma antigua “los cargos públicos se consiguen con la amenaza en una mano; la complicidad en la otra y citas de Ennio en los labios”.
En México para 2027… ¿Partidos políticos o cotos de poder?
En el país la carrera hacia la candidatura a las 17 gubernaturas de los estados y alcaldías de los principales municipios que integran el territorio nacional ha exhibido a sus aspirantes de Morena, que desesperados sostienen una guerra interna para ver quien queda.
Lamentablemente el PRI no es el único caso. Lo que vive país, entre sus adversarios internos de Morena, donde está prevaleciendo el “quítate tú, para ponerme yo”.
Máxime con el divorcio del Morena con el PT, exhibiéndose como una izquierda podrida, patrimonialista, en breve se encontrarán muchas sorpresas. Son tal para cual.
Partidos donde hasta los amantes tienen espacio asegurado. En Morena hay razón: sus padres fundadores fueron priistas: López Obrador, Ricardo Monreal, Manuel Bartlett, Esteban Moctezuma, et allium.
Abrevaron de los mismos vicios. Y hasta los que han pervivido como lapas en la izquierda: Pablo Gómez, Bertha Luján, René Bejarano, Dolores Padierna y otros especímenes, hoy tan cuestionados y estigmatizados como caciques, que pegan con la izquierda, pero maman con la derecha.
Urge rediseñar la política en México para que evolucione
La política necesita rediseñarse con base en principios que prioricen lo esencial. Como la política minimalista: Gobernar es resolver lo básico. Es necesario priorizar derechos fundamentales y evitar programas que perpetúan el clientelismo.
Transparencia radical: En un mundo interconectado, la tecnología debe ser aliada de la rendición de cuentas, no del control. La información pública debe ser accesible en tiempo real, empoderando a la ciudadanía.
Gobernanza descentralizada: Es hora de transitar hacia modelos horizontales, donde las comunidades tomen el rol activo en las decisiones locales.
Ética del servicio: Gobernar debe volver a ser sinónimo de servir. Esto implica revalorizar el acto político, enfocándolo en la facilitación del bienestar colectivo, no en la perpetuación del poder.
Por lo que urge que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, deje de gobernar con el manual del grupo Foro de Sao Paulo, que está llevando al hundimiento al país, y frenando de tajo la inversión extranjera, ante la falta de una certeza jurídica que de confianza a los inversionistas.
Lo cierto es que la actualidad nos demanda decrecer para sobrevivir. Que claro no es un llamado a la renuncia sino a la priorización; a construir desde lo esencial, desde aquello que realmente nos hace humanos.
Sheinbaum Pardo, debe estar consiente que liderar hoy significa ser mandatarios 360°, capaces de tejer puentes entre lo local y lo global. La política ya no puede ser acumulación de poder, sino resolución de problemas y conexión con el mundo que no espera, sino que avanza.
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