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Trump rechaza nueva prórroga si no hay acuerdo esta semana en Pakistán; Irán debate a quién enviar

Mientras en Washington insisten en que esta semana haya acuerdo de paz, en Irán se señala que no se negociará bajo presión

Crédito: NYT

El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió que es “muy improbable” extender la tregua de dos semanas con Irán si no se logra un acuerdo antes del miércoles. La declaración endurece el tono de Washington en un momento en que la pausa había sido vista como una oportunidad para encauzar la crisis.

En escenarios recientes documentados por medios internacionales como Financial Times o The Economist, los altos el fuego temporales en conflictos con Irán han tendido a romperse cuando las partes perciben que el otro lado busca ventajas estratégicas en la mesa de negociación. En este caso, la Casa Blanca sugiere que el margen político para negociar se está agotando.

La posible reunión en Islamabad, con participación del vicepresidente JD Vance y altos funcionarios estadounidenses, pretende abrir una vía indirecta de diálogo con Teherán. Sin embargo, la propia asistencia iraní sigue sin confirmarse.

El canciller iraní, Abbas Araghchi, dejó claro que las amenazas estadounidenses constituyen “un gran obstáculo” y una violación del espíritu del alto el fuego. En paralelo, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, elevó el tono al advertir que Irán no negociará “bajo presión” y que incluso prepara “nuevas cartas en el campo de batalla”.

Este doble discurso —apertura diplomática condicionada y advertencia militar— refleja una estrategia recurrente de Teherán: negociar desde una posición de fuerza, reforzando simultáneamente su capacidad disuasiva.

Escalada latente en el terreno militar

Aunque no se han reportado ofensivas masivas en las últimas horas, el lenguaje empleado por ambas partes apunta a una escalada latente. La referencia iraní a “nuevas cartas” suele interpretarse, en análisis de seguridad internacional, como la posibilidad de acciones indirectas: uso de aliados regionales, ataques asimétricos o presión sobre rutas energéticas clave como el estrecho de Ormuz.

Este contexto eleva el riesgo de que cualquier incidente menor detone el colapso de la tregua antes incluso de que las negociaciones avancen.

En paralelo, Trump invocó la Defense Production Act para aumentar la producción de combustibles fósiles y reforzar la infraestructura energética estadounidense. La decisión responde al temor de un alza sostenida en los precios del petróleo derivada del conflicto.

El movimiento confirma que la guerra no solo se libra en el terreno militar o diplomático, sino también en el económico. Analistas de mercados energéticos han advertido que cualquier interrupción prolongada en la región podría impactar directamente en la inflación global, particularmente en economías importadoras de energía.

Mientras tanto, el conflicto regional mantiene múltiples líneas de tensión. Está prevista una segunda ronda de conversaciones entre Israel y Líbano en Washington D.C., lo que evidencia que la crisis no se limita al eje Washington-Teherán, sino que abarca un entramado regional más amplio.

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