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Adiós a “La bailarina de Auschwitz”

A los 98 años ha fallecido la Dra. Edith Eva Eger, reconocida psicóloga y sobreviviente del Holocausto. Obligada a bailar para Josef Mengele en Auschwitz, plasmó esa experiencia en el libro que se volvió un best seller

Vivía en Hungría y le encantaba bailar. Pero cuando tenía 16 años los nazis llamaron a su puerta. En medio del horror del campo de exterminio, encontró en la danza una forma de resistir. Décadas después, esa joven transformaría su historia en un mensaje de vida que recorrería el mundo. Hoy se confirma la muerte de Edith Eva Eger, autora del libro The Choice, conocido en español como La bailarina de Auschwitz.

Eger llegó a Auschwitz el 22 de mayo de 1944 junto a su familia. En la fila de selección estaba Josef Mengele. Un gesto bastó para separarla de su madre, quien fue enviada a la muerte. Esa misma noche, el oficial la obligó a bailar. Edith obedeció, pero no desde la sumisión: cerró los ojos y, en su mente, escapó. Se imaginó en un teatro en Budapest, libre, lejos del horror.

Al terminar, recibió un trozo de pan que decidió compartir con otras prisioneras. Aquel acto, pequeño pero profundo, marcaría su destino: más adelante, una de esas mujeres ayudaría a salvarle la vida.

Su paso por los campos no terminó ahí. Tras Auschwitz vinieron los trabajos forzados y el traslado a Mauthausen, seguido de la marcha de la muerte hacia Gunskirchen. Exhausta, cayó al suelo sin fuerzas. Dos mujeres —una de ellas a quien había dado pan— la levantaron junto a su hermana Magda y la ayudaron a continuar.

El 4 de mayo de 1945, soldados estadounidenses liberaron el campo. Edith, tendida entre cadáveres, aún respiraba. Un soldado notó que se movía y la sacó. Tenía 17 años.

Esta foto fue tomada un año antes de que la bailarina adolescente, Edith Eva Eger, fuera deportada a Auschwitz con su madre y hermanas.

Tras la guerra, intentó reconstruir su vida. Se reencontró con su hermana Klara, se casó, tuvo hijos y emigró a Estados Unidos. Durante años guardó silencio sobre lo vivido, hasta que un encuentro con Viktor Frankl cambió su rumbo. Inspirada, decidió estudiar psicología y, a los 50 años, obtuvo su doctorado en psicología clínica.

Dedicó el resto de su vida a acompañar a personas con traumas profundos, convencida de que incluso después del dolor más extremo existe la posibilidad de elegir. En 1980 regresó a Auschwitz, no como prisionera, sino como sobreviviente. Allí, dijo, logró algo esencial, perdonarse a sí misma por haber vivido.

En 2017 publicó La bailarina de Auschwitz (Planeta), obra que llevó su testimonio a millones de lectores en todo el mundo. Su mensaje, centrado en la resiliencia y la libertad interior, resonó más allá de su propia historia.

Una de las últimas frases que escuchó de su madre, en aquella fila de 1944, fue que nadie podía arrebatarle lo que guardaba en su mente. Eger hizo de esa idea el eje de su vida. Años después, lo resumiría en una reflexión que repetiría en sus conferencias: “El mayor campo de concentración está en tu cabeza. Y esa llave la llevas siempre en tu bolsillo”.

Con su muerte, se apaga una voz que ayudó a miles para entender el trauma, pero también la capacidad humana de reconstruirse. Su legado permanece en quienes encontraron, a través de su historia, una forma de sanar y seguir adelante.

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