Guadalajara, Jal.- A menos de dos meses del Mundial 2026, Guadalajara ya va perdiendo por un marcador incómodo: 9-1. Nueve de cada 10 de sus habitantes se sienten inseguros.
Ese es el contexto real en el que llegará la que los poetas de la noticia han bautizado como “la justa mundialista”. Jalisco, estado mexicano por excelencia, recibirá al turismo en medio de dos contextos: el de la bellisimés que presumen las autoridades y el de la violencia, incertidumbre y desconfianza que viven sus ciudadanos. Uno que está medido en la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu).
Este hecho, por supuesto, que no es fortuito. Tiene explicaciones lógicas y recientes. En Guadalajara lo llamamos el “efecto Mencho” y surgió luego de que se confirmó el operativo en el municipio de Tapalpa, que derivó en la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) el 22 de febrero.
La estela de destrucción y muerte que provocó esa movilización federal dejó una muy marcada huella en las y los ciudadanos de Guadalajara, y por lo que revela ese indicador del INEGI, no hay cartera gubernamental lo suficientemente holgada para cubrir un hoyo de tal magnitud.
Rehabilitar la Glorieta Minerva, el Parque Rojo, la Plaza de la República o incluso colocar balones gigantes es un gasto ornamental. Lo que realmente le duele a Guadalajara está en sus redes de drenaje, en su transporte público deficiente y sí: en la reacción de las instancias de seguridad.
Apenas este lunes, un grupo armado disparó contra un conductor que estaba en el estacionamiento de una plaza comercial aledaña a una de las avenidas más concurridas de la capital de Jalisco. Tras la agresión, los hombres se llevaron a la persona, aparentemente herida, y un video constató que mientras eso ocurría pasaba una patrulla de la Policía de Guadalajara, pero ésta siguió su curso con normalidad.
Horas antes, se confirmó la captura en Nayarit de Audias Flores Silva, El Jardinero o El Matajefes, y quien se perfilaba para suceder a Nemesio Oseguera, El Mencho. Justo en cuanto se reportaron los primeros bloqueos y quemas de autos en esa entidad, comenzaron a circular audios en los que se advertía a los jaliscienses que permanecieran en casa porque también aquí habría violencia.
Esta no es una crítica a la estrategia de seguridad que ha implementado la nueva administración federal, sino a que ésta fue prácticamente inexistente durante los sexenios de Andrés Manuel López Obrador, a nivel federal, y de Enrique Alfaro, en lo local. Y con esos años de gracia, las organizaciones criminales aprovecharon para fortalecerse y crecer.
Hoy, ese crecimiento se nota y se refleja en el ánimo ciudadano. Los embates institucionales a la delincuencia organizada, aunque existen al fin, llegan luego de un sexenio de impunidad que permitió crecer a la hidra.
Cuando el secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, reconoció que la estructura del cártel operaba de forma “casi autónoma”, no mintió. De hecho, sólo hizo del conocimiento general algo que todos, especialmente quienes viven en las regiones de Jalisco, saben desde hace al menos una década: la logística del CJNG está preparada para operar con, sin y a pesar de El Mencho.
Porque así de poderosa es la estructura que los tres niveles de gobierno dejaron crecer. El “efecto Mencho” está medido, cuantificado y pesa más que cualquier estrategia improvisada de embellecimiento para la llegada del Mundial. Porque lo hará, sí, pero a una entidad que no ha resuelto lo básico: que su gente se sienta segura en sus propias calles.
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