Saltillo, Coah.- En un país donde la seguridad suele explicarse desde la excepción, hay territorios que empiezan a explicarse desde la regla. México vive un momento complejo en materia de seguridad. Los recientes hechos en Chihuahua, con la participación de agentes extranjeros en operativos, y el caso que hoy envuelve al gobierno de Sinaloa, han reabierto una conversación incómoda pero necesaria: ¿en quién confiamos?, ¿en nuestras instituciones o en las de otros?
Ese es el verdadero debate.
La presencia de agencias norteamericanas en territorio mexicano no es nueva. Tampoco lo es la cooperación. Lo que sí es nuevo y preocupante es cuando esa colaboración parece sustituir, y no complementar, las capacidades del Estado mexicano.
Ahí es donde vale la pena voltear al norte. Y específicamente, voltear a ver a Coahuila. No como excepción, sino como referencia.
Coahuila ha construido algo que en México no es menor: confianza institucional. Y no desde la narrativa, sino desde los resultados. De acuerdo con mediciones del INEGI, el estado se mantiene como uno de los más seguros del país y, aún más relevante, como la frontera más segura. Eso no ocurre por casualidad.
En distintas ocasiones, el fiscal Federico Fernández ha sido claro: la seguridad no se entiende sin coordinación. Pero coordinación no significa subordinación. Significa inteligencia compartida, comunicación constante y trabajo conjunto.
El año pasado, la Fiscalía General del Estado entregó a 16 personas a distintas autoridades de Estados Unidos, buscadas por delitos que van desde portación ilegal de armas hasta abuso sexual y robo con violencia. No fue un operativo mediático. Fue resultado de información, de seguimiento y de cooperación institucional.
Eso es clave. Porque la diferencia no está en si participan o no agencias extranjeras. La diferencia está en cómo participan. En Coahuila, la colaboración no implica ceder control, sino fortalecer capacidades. Se comparte inteligencia, se intercambia información, se recibe capacitación. Pero la operación sigue siendo del Estado mexicano.
Eso, en el contexto actual, es una línea que no todos están logrando sostener. Mientras en otras entidades la presencia de actores externos genera dudas sobre la solidez institucional, en Coahuila la cooperación refuerza la percepción de orden. Y esa percepción es un activo económico, social y político.
La seguridad, hay que decirlo, también se mide en confianza. Confianza para invertir, para vivir, para transitar. Por eso, más que hablar de modelos, habría que hablar de decisiones. De estados que optan por construir capacidades propias y de otros que terminan dependiendo de las ajenas.
En un país que busca respuestas, el norte está dando una pista clara: sí se puede colaborar sin perder control, sí se puede coordinar sin ceder soberanía.
Y sí, también se puede construir seguridad desde casa.
La verdadera fortaleza de una institución no está en quién la respalda desde fuera, sino en qué tan capaz es de sostenerse por sí misma.
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