Expertos advierten que la decisión respondió más a criterios políticos que técnicos, priorizando el crecimiento económico sobre la estabilidad de precios
Expertos advierten que la decisión respondió más a criterios políticos que técnicos, priorizando el crecimiento económico sobre la estabilidad de precios

La reciente decisión del Banco de México (Banxico) de reducir nuevamente la tasa de interés interbancaria 25 puntos, hasta 6.50%, ha desatado una ola de escepticismo entre especialistas financieros.
Aunque la medida busca oxigenar una economía estancada, expertos advierten que el banco central podría estar jugando con fuego al relajar su política mientras los precios aún no están bajo control.
La crítica más recurrente ha sido, otra vez, la inconsistencia técnica del anuncio. Analistas de diversas instituciones han señalado como un “error de estrategia” que la Junta de Gobierno haya optado por un recorte justo cuando sus propios pronósticos de inflación para 2026 fueron revisados al alza.
"Es una señal contradictoria", advierten especialistas de Banco BASE. "Bajar el costo del dinero cuando reconoces que las presiones sobre los precios son mayores a las previstas envía un mensaje de debilidad en el combate a la inflación".
Banamex, por su parte, calificó como un error que Banxico recortara la tasa cuando el panorama inflacionario sigue deteriorado y el propio banco elevó sus pronósticos de inflación para 2026.
También de nuevo la falta de consenso dentro de la Junta de Gobierno ha encendido las alarmas sobre la cohesión de la institución. Los votos disidentes de los subgobernadores Jonathan Heath y Galia Borja —quienes abogaban por mantener la tasa en 6.75%— sugieren que la decisión fue más política que técnica, priorizando el crecimiento económico (que cayó 0.8% el trimestre pasado) sobre el mandato constitucional de estabilidad de precios.
Para no pocos expertos la medida conlleva riesgos tangibles para la estabilidad macroeconómica. En primer lugar ejerce presión sobre el tipo de cambio. Al reducir el diferencial de tasas frente a Estados Unidos, el peso pierde atractivo para los inversionistas globales.
Un debilitamiento de la moneda mexicana podría encarecer las importaciones, alimentando un nuevo ciclo inflacionario.
Otro punto destacado por diversos críticos de la medida, es el golpe que representa para el ahorrador. Con una inflación persistente en 4.45%, el rendimiento real de instrumentos como Cetes y cuentas de ahorro se reduce drásticamente, desincentivando el ahorro formal y castigando a quienes buscan proteger su patrimonio.
También hay quienes señalan que con las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, que amenazan los precios de la energía, Banxico ha reducido prematuramente su "colchón" de protección, quedando con menos margen de maniobra ante choques externos inesperados.
Aunque oficialmente el ciclo de recortes a la tasa de interés ha llegado a su fin, la credibilidad de Banxico queda bajo la lupa. El consenso entre los analistas es que la institución ha entrado en un terreno peligroso donde cualquier repunte inflacionario obligará a una rectificación costosa, dejando la duda de si este ajuste de 25 puntos base fue un alivio necesario o una medida imprundente.
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