La actividad económica en México está dominada por las grandes empresas. De conformidad con los censos económicos 2024, 54.3% del valor agregado censal bruto es generado por las unidades económicas con 250 personas ocupadas o más, que representan apenas 0.2% del total. En este sentido, la evolución de la actividad económica está en buena medida gobernada por lo que ocurre con los grandes negocios, cuyo personal ocupado es el que más influencia tiene en el rumbo del PIB.
Por ello el INEGI cuida que en sus encuestas de sectores económicos se garantice la incorporación de todas las grandes empresas del país. A partir de sus encuestas de construcción, manufacturas, comercio y servicios no financieros produce sus índices globales de personal ocupado (IGPOSE) y remuneraciones globales (IGRESE) y de remuneraciones promedio (IGRESME).
Estos índices muestran una evolución contrastante entre 2018 y 2025. Por una parte, las remuneraciones reales totales (IGRESE) y las medias (IGRESME) crecieron en 22.7% y 24.9%, respectivamente. Por la otra, el personal ocupado (IGPOSE) cayó 1.5% como consecuencia del encarecimiento del trabajo. Así, aquellas personas que han logrado mantener su empleo hoy ganan bastante más, aunque por otra parte esos afortunados son cada vez menos.
La disminución en el IGPOSE ayuda a entender por qué el PIB está estancado, dado que a últimas fechas los aumentos en la ocupación que reporta le ENOE, por encima de lo que arroja el IGPOSE, se han estado concentrando en actividades informales de baja escala, cuyo impacto adicional en el valor agregado total es mínimo, lo que de 2018 a 2025 ha llevado a una baja en el PIB por persona ocupada de 5.9%.
Con información de las encuestas arriba mencionadas, vemos que el cambio en la productividad laboral difiere entre sectores, de manera que en los servicios privados no financieros subió 26.3%, en el comercio al por menor 16.8% y en las manufacturas 9.9%; mientras que en las empresas constructoras se redujo en 1.8% y en el comercio al por mayor bajó en 19.1%.
La relación entre el costo de las remuneraciones medias por persona y la productividad laboral determina el costo unitario de la mano de obra, que es un relevante indicador negativo de competitividad, el cual aumenta cuando las remuneraciones promedio crecen más rápidamente que la productividad laboral. De 2018 a 2025, el aumento en las remuneraciones ha sido mayor que el de la productividad en los cuatro sectores, por lo que el costo unitario de la mano de obra en el comercio al por mayor se incrementó en casi 60%, en el comercio al por menor lo hizo en 55.4%, en las empresas constructoras en 13.6% y en las manufacturas en 9.4%.
Hay que señalar, además, que todo esto ha ocurrido en un entorno en el que la eficiencia en el uso de los factores reflejada en los indicadores KLEMS del INEGI se ha mantenido estancada, de manera que las fuerzas que han empujado hacia una perdida en competitividad no se han visto compensadas por mejoras en la eficiencia general, que pudieran resultar de cambios tecnológicos, organizativos, gerenciales o de calidad institucional y en la infraestructura para la producción, o de mejoras en el capital humano mediante más y mejor educación y salud.
Claramente, la economía no puede crecer gran cosa si se hace progresivamente menos competitiva, en un entorno internacional crecientemente complejo. Los aumentos en las remuneraciones promedio no son malos en sí mismos, siempre y cuando la eficiencia promedio del aparato económico crezca cuando menos a la misma velocidad. Si se pierde esto de vista, no hay plan de fomento al crecimiento económico que funcione.
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