En Berlín occidental, en una comunidad dividida con familias rotas y amenazada por sus vecinos. El 26 de junio de 1963, en una ciudad en la que se levantó un muro para fragmentarla, y los que vivían en Berlín oriental no pudieran desplazarse libremente. Allí, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, exclamó: “Todos los hombres libres, donde quiera que vivan, son ciudadanos de Berlín y, por tanto, como hombre libre, me enorgullezco en las palabras: “Ich bin ein Berliner”, remató en alemán. “Soy berlinés”. Fue un discurso universalmente famoso, por su aprecio a la dignidad y libertad de las personas y la defensa de la democracia.
Kennedy dijo entonces: “La libertad tiene muchas dificultades y la democracia no es perfecta, pero nunca hemos tenido que levantar un muro para encerrar a nuestro pueblo, para impedir que la gente se vaya”. Las palabras reflejaron el contraste entre un mundo cerrado, oscuro y comunista, y un mundo libre, abierto, y con riesgos, tantos que 150 días después de pronunciadas esas palabras, el presidente norteamericano estaba muerto. Asesinado.
Las recientes reformas electorales asesinan con sus muros ideológicos y cánticos de falso nacionalismo a la democracia mexicana; particularmente la causal de nulidad de una elección cuando exista “injerencia extranjera que influya en los resultados electorales”. Esa reforma constitucional es un muro, un muro constitucional, como la ancestral muralla China, el muro de Berlín, o el muro fronterizo que ordenó reforzar Donald Trump. Creen que con murallas se salva la República. Y eso acusa temor y miedo. Creen que al cerrar las puertas de México el mundo no existe. Los de Morena, en la época de la inteligencia artificial global, sueñan con una isla. Vergüenza ajena.
La causal de “injerencia extranjera” para anular elecciones, es populismo nacionalista electoral. ¿Qué va a pasar con los truhanes españoles Juan Carlos Monedero o Pablo Iglesias abrazados a Morena? ¿Un pronunciamiento en contra del PAN de las dictaduras asesinas de Cuba y Nicaragüa? ¿Los michoacanos en EU no tendrán voz?
Y finalmente ¿qué hará el oficialismo cuando, si un Estado extranjero, reconocido por la ONU y por el gobierno de México con representación diplomática, a través de uno de sus miembros, afirma que votar por narcocandidatos es pecado? La Iglesia católica también es un Estado con sede en Roma. ¿Sus opiniones serán injerencia perniciosa? ¡Buena forma de conmemorar los 100 años de la guerra cristera! El niño de Atocha, el original, no es de Zacatecas, es de Madrid. ¿Mantiene la presidenta Claudia la invitación al papa León XIV y, le dirá que pisando suelo mexicano debe callarse la boca y no condenar la violencia? Los muros son otra escena de las tiranías. Ese nacionalismo barato lo invocan los que temen que sus ideas son débiles. Los que quieren tapar su mediocridad o sus fraudes con conspiraciones mundiales. Prefiero estar del lado de Voltaire y Benjamín Franklin que se declararon “ciudadanos del mundo”.
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