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Marilyn Monroe a 100 años de su nacimiento, la mujer que nunca dejó de existir

La actriz sigue siendo una de las figuras más influyentes y reconocibles de la cultura popular y su centenario llega acompañado de proyecciones, libros y exposiciones en distintos países, y el recuerdo de su visita a México en 1962

A cien años de su nacimiento, Marilyn Monroe sigue ocupando un lugar privilegiado en la cultura popular mundial, un espacio que ni el paso del tiempo, ni los cambios de generación, ni las transformaciones de Hollywood han logrado borrar.

Nacida como Norma Jeane Mortenson el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles, Monroe alcanzó la fama durante la década de 1950 gracias a películas como Los caballeros las prefieren rubiasCómo casarse con un millonario y La comezón del séptimo año. Su presencia en pantalla la convirtió en uno de los principales símbolos de Hollywood y en una de las celebridades más fotografiadas de su tiempo.

Marilyn ha sobrevivido a todas las versiones que se han construido sobre ella. Fue la rubia más famosa de Hollywood, el símbolo sexual de una época, la actriz subestimada, la mujer vulnerable, el ícono pop inmortalizado por Andy Warhol y el personaje alrededor del cual se han tejido incontables teorías. Pero ninguna de esas definiciones parece suficiente para explicar por qué sigue fascinando a generaciones que nacieron décadas después de que abandonara los estudios de cine.

Quizá la respuesta esté en que Marilyn Monroe fue mucho más moderna de lo que su tiempo estaba preparado para aceptar. Antes de que existiera el concepto de marca personal, ella comprendió el poder de una imagen pública. Antes de las redes sociales, experimentó las consecuencias de vivir bajo observación permanente. Antes de que se hablara abiertamente de salud mental, desigualdad de género o acoso mediático, ya enfrentaba esas batallas en silencio.

La mujer nacida como Norma Jeane Mortenson, también desafió la idea de la actriz decorativa que Hollywood intentó imponerle. Decidida a perfeccionar su oficio, estudió actuación con Lee Strasberg en el célebre Actors Studio de Nueva York y buscó alejarse de los papeles superficiales que los estudios reservaban para ella. Además, fundó su propia compañía productora, una decisión inusual para una actriz de la década de 1950 y que hoy puede verse como un antecedente de la lucha por el control creativo y profesional de las mujeres dentro de la industria del entretenimiento.

Mucho antes de que el feminismo ocupara un lugar central en la conversación pública, Monroe desafió algunas de las reglas no escritas de Hollywood. Negoció contratos, exigió mejores condiciones de trabajo y se negó a aceptar que su apariencia física definiera por completo su carrera. Aunque pocas veces es recordada desde esa perspectiva, abrió camino para que otras actrices reclamaran mayor autonomía en una industria dominada por productores, ejecutivos y agentes hombres.

Su vida privada tampoco escapó a la construcción del mito. Sus matrimonios con el legendario beisbolista Joe DiMaggio y el dramaturgo Arthur Miller, dos figuras tan distintas como influyentes, alimentaron durante años el interés de la prensa. A ello se sumaron sus vínculos con algunos de los hombres más poderosos de su tiempo, entre ellos el presidente John F. Kennedy y su hermano Robert Kennedy. Entre hechos comprobados, rumores y especulaciones, la figura de Marilyn terminó atrapada en una narrativa que muchas veces privilegió el escándalo sobre la persona.

Vista desde el siglo XXI, Monroe parece reunir dos historias en una sola mujer. La de una figura utilizada por la maquinaria del espectáculo y la de una pionera que intentó desafiarla. Fue admirada por millones, pero también sometida a una presión constante por parte de estudios, representantes, periodistas y de los propios hombres que formaron parte de su vida. La contradicción entre el ícono público y la persona privada sigue siendo una de las razones por las que su historia continúa despertando interés.

Foto perteneciente al Brooklyn Institute for Social Research

A cien años de su nacimiento, resulta igualmente revelador observar a la persona detrás del mito. La aficionada a la literatura que llenaba sus estantes con novelas, poesía y ensayos; la mujer curiosa que buscaba constantemente aprender; la celebridad que, pese a ser una de las personas más fotografiadas del planeta, nunca terminó de sentirse cómoda con la imagen que el mundo tenía de ella.

Destaca el episodio en México. Marilyn Monroe visitó en febrero de 1962 el entonces Distrito Federal, donde comió en el restaurante El Taquito y tuvo otras actividades, entre ellas, una conferencia de prensa en la que fue asediada con todo tipo de preguntas y por los fotógrafos, uno de ellos, Antonio Caballero captó el momento en el que ella cruzó las piernas y la foto quedó para la historia. Marilyn también fue a Chiconcuac, lugar en el que adquirió un suéter tejido que con el tiempo se volvió célebre. Esa prenda, conocida posteriormente como el “suéter de Chiconcuac”, quedó inmortalizada en una de sus últimas sesiones fotográficas realizadas por Bert Stern en la playa de Santa Mónica, en Los Ángeles.

Marilyn Monroe sigue despertando fascinación. No porque represente una época desaparecida, sino porque encarna muchas de las contradicciones que continúan definiendo la cultura contemporánea, la distancia entre la vida privada y la imagen pública, la obsesión con la fama, la presión sobre las mujeres y la búsqueda de identidad en medio de la exposición constante.

El verdadero legado de Marilyn no son únicamente sus películas ni las fotografías que recorrieron el mundo. Es haber trascendido su tiempo hasta convertirse en un espejo en el que cada generación encuentra algo distinto. A un siglo de su nacimiento, Marilyn Monroe ya no pertenece únicamente a Hollywood. Pertenece a la historia de la cultura moderna. La timidez y vulnerabilidad iniciales dieron paso a una de las presencias más magnéticas de la historia del cine.

Para conmemorar los 100 años del nacimiento del llamado mito de Hollywood, en la Cineteca Nacional se proyectará toda la semana, en sus tres sedes, la película Una Eva y dos Adanes (Some Like it Hot, Estados Unidos, 1958), dirigida por Billy Wilder y en la que Monroe comparte créditos con Tony Curtis y Jack Lemmon.

También se publicó el libro Marilyn Monroe 100: The Official Centenary Book, distribuido en plataformas internacionales. El único libro conmemorativo autorizado del centenario reúne la obra de diecisiete grandes fotógrafos que trabajaron estrechamente con ella, desde la época de Norma Jean hasta su última sesión fotográfica. Entre medias, se encuentran sus años dorados en la fotografía impresa y en el cine: los vestidos deslumbrantes, su atractivo incandescente y, de principio a fin, su apasionado romance con la cámara (y el romance entre las cámaras y ella).

En Los Ángeles, el Academy Museum of Motion Pictures presenta la exposición Marilyn Monroe: Hollywood Icon, que reúne material relacionado con su carrera y objetos personales, como cartas, maquillaje y ropa.

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