Como afirmamos ayer, durante el primer cuatrimestre del año se siguió manifestando la debilidad del ingreso y corrijo: “De enero a abril, la recaudación del impuesto sobre la renta cayó (-) 6.2% real anual (el año pasado creció 9.5%); los ingresos por IVA solo crecieron 0.4% (el año pasado aumentaron 3.9%); el ingreso por el IEPS aumentó 12.7% (el año anterior cayó (-) 1.0%.
Por el lado del gasto se aprecian las prioridades e “irreductibles” del gobierno. Del total del gasto programable del sector público federal, 80% lo ejerció la administración pública centralizada, fundamentalmente vía los ramos administrativos (secretarías de Estado) y los ramos generales (aportaciones a la seguridad social y aportaciones federales a las entidades federativas).
Dentro de los ramos administrativos el mayor gasto radicó en los programas de la Secretaría de Bienestar, 211 mil 412.7 millones de pesos (mdp) con un crecimiento real anual de 7.7%. Por monto le siguen la Secretaría de Educación Pública, con 159 mil 571.2 mdp y una caída de (-) 2.3% en su presupuesto y la Secretaría de Energía con un presupuesto de 77 mil 489.1 mdp y una reducción de (-) 17.0% anual.
39% del gasto del gobierno federal se concentró en subsidios y transferencias (1.07 billones de pesos). Este monto más que duplica el de las participaciones a entidades federativas y municipios y contrasta con la participación de la inversión que fue de 5.6 por ciento.
El presupuesto dirigido a los programas de subvenciones sin contraprestación educativa o productiva alguna, si bien apoya el ingreso de los beneficiarios, no contribuye a crear capacidades individuales o sociales para producir y generar riqueza, lo que erosiona la productividad de la economía.
Las limitaciones del gasto para el cumplimiento de responsabilidades públicas como promover el desarrollo, la educación, la salud y la seguridad derivan de los “irreductibles” heredados. Se requiere inversión, en sectores que encabecen la recuperación y la transformación productiva. Por el momento, ligada al T-MEC puede cobrar impulso una parte de la economía, pero el resto requiere de acciones públicas. Finalmente, la “austeridad republicana” sin corrupción, no liberó los recursos que el Estado requiere.
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