La pobreza laboral registró 30.7% en el primer trimestre de 2026, alcanzando el valor más bajo de que se tiene registro. El dato hace referencia al porcentaje de la población en hogares cuyo ingreso laboral promedio por persona es inferior al costo de una canasta alimentaria. Sin embargo, para entenderla adecuadamente, conviene hacer algunas advertencias a sus usuarios.
- Cuando hablamos de pobreza nos referimos a la condición en la cual las personas no disponen de los recursos necesarios para satisfacer las necesidades mínimas requeridas para funcionar adecuadamente en un entorno social determinado. Esas necesidades se integran por la suma de los mínimos de un conjunto de dominios tales como alimentación, vivienda, educación, salud, transporte, ropa, calzado y esparcimiento, entre otros aspectos. Una canasta que sólo considere alguno de estos dominios se queda corta respecto del mínimo necesario para que alguien pueda funcionar adecuadamente en su contexto social. Nadie se come sus alimentos crudos, vive desnudo, ni prescinde absolutamente del transporte u otros servicios básicos.
- Usar la canasta alimentaria como medida de pobreza es una mala idea, ya que quienes apenas rebasan ese umbral pueden de todas maneras tener ingresos insuficientes para satisfacer el resto de sus necesidades. Paralelamente, personas con ingresos superiores al umbral de pobreza alimentaria, pero que provienen de fuentes como pensiones, remesas, rentas o utilidades, se contarían como en “pobreza alimentaria”.
- Utiliza datos de la ENOE, una encuesta que no está diseñada para medir pobreza, sino para llevar el pulso del mercado laboral.
- La decisión de que la pobreza laboral contrastara el ingreso laboral contra la línea de pobreza alimentaria es arbitraria. Nada impediría que el ingreso laboral se comparara contra la línea de pobreza por ingresos, lo que permitiría identificar los hogares cuyos ingresos laborales son insuficientes para adquirir la canasta de pobreza por ingresos.
- El ingreso laboral de la ENOE se parece, pero no es igual al de la ENIGH. De entrada, la ENIGH busca que la información provenga directamente de la persona que percibe los ingresos, mientras que en la ENOE cualquier persona de 15 años o más puede reportar los ingresos del resto de los integrantes del hogar. Adicionalmente, la ENOE acepta información en “rangos de salarios mínimos”, aumentando su imprecisión en relación con la ENIGH.
- En el ingreso laboral total la ENOE tiene no respuesta de alrededor de 25%, que queda como en 20% para trabajadores subordinados y como en 40% para trabajadores por cuenta propia. El INEGI corrige la no respuesta por medio de imputaciones que buscan asignar los ingresos de un hogar a partir de los que se observan en hogares con características similares de los que sí se dispone de información de ingresos. Esto supone que quienes sí reportan, lo hacen con verdad o que el error es aleatorio, lo cual en general es falso. Además, el porcentaje ha crecido al paso de los años.
- Ignora el papel de los ingresos/gastos no monetarios. Por ejemplo, considera que el bienestar económico de dos hogares con el mismo ingreso laboral es el mismo, independientemente de si uno vive en casa propia y no tiene que pagar renta y el otro sí.
- La ENOE, al igual que la ENIGH, subestiman el nivel de los ingresos provenientes del trabajo por cuenta propia, en relación con las cuentas nacionales. Asimismo, reportan cambios en el tiempo que son diferentes de los de las cuentas nacionales.
Estas consideraciones, como la letra chiquita de un contrato, son algo que conviene conocer. Las cifras oficiales de “pobreza laboral”, sin duda merecen ser objeto de seguimiento puntual, pero con todas las reservas que el caso merece.
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