Madrid.- El pasado domingo pudimos presenciar el vergonzoso acto de supuesta “defensa de la soberanía nacional”, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Claudia y su partido intentaron reproducir un mitin similar a los centenares de eventos masivos de supuesta idolatría que el pueblo cubano celebró con Fidel Castro, con Raúl Castro o con Miguel Díaz-Canel. Los regímenes totalitarios buscan mimetizarse a cada paso. Se buscó recrear una semejanza entre el Monumento a la Revolución con la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana. No dudo que a Claudia le habría gustado que así como en la plaza cubana se observa el icónico rostro de Ernesto Che Guevara, en su mitin se hubiese colocado la efigie de AMLO. Les faltó ese detallito. Será para la próxima, que la habrá…
En La Habana, la asistencia a sus repetitivos mítines siempre ha estado asegurada por la miserable situación de pobreza del pueblo cubano y por miedo a la terrible capacidad represora del gobierno. Aquí lo logran por el muy tradicional acarreo priista, el “pase de lista”, el refresco, la torta y algún dinero. Sea como sea, tanto en La Habana como en la CDMX no se respiran aires democráticos. Homologados vamos...
Otra similitud es la reiteración discursiva ad infinitum. Los cubanos llevan décadas escuchando -hasta el hartazgo- el mismo aburrido y soporífero discurso del supuesto bloqueo norteamericano. Pobres cubanos. Terribles cantidades de tiempo escuchando los interminables discursos de Fidel, de Raúl o de Miguel, recetándoles el mismo guion de manera infinita. En México, el gobierno de la 4ª transformación nos ha propinado, desde 2018, miles de horas de la misma insoportable retórica del dúo AMLO-Sheinbaum, con las mismas acusaciones, las mismas descalificaciones, las mismas excusas.
Y ahora, para terminar la mimetización La Habana-CDMX nada mejor que tener un enemigo común al cual acusar de todos nuestros males: Estados Unidos de América. La jerarquía dictatorial de La Habana se ha desgañitado en cientos de eventos para su discurso antiyanqui. Nunca imaginé ver a Claudia Sheinbaum disertar con tal ímpetu contra el gobierno norteamericano. Ahí estaba, altiva, fascinada, envalentonada, defendiendo a sus narcopolíticos, escudándose en la multicitada “soberanía nacional”. El cuerpo de Sheinbaum estaba en la CDMX pero su alma… su alma estaba en La Habana, emulando a sus adorados mentores caribeños. No tengo duda de que en su mente (recordando esa imagen del Che Guevara idealizada desde su juventud) Claudia musitaba “…Hasta la victoria siempre”.
En 1995, siendo Carlos Castillo Peraza (QEPD) presidente nacional del PAN, éste encabezó una visita oficial de un grupo de senadores panistas a Cuba. En aquel encuentro, Fidel Castro (bromeando, con su característica picardía), le dijo a Castillo al final de la comida: “…Mire, don Carlos, el mejor know how de esta isla es la clandestinidad”. Resulta vergonzoso observar cómo Claudia Sheinbaum y su gobierno presumen con orgullo la clandestinidad oficial desde la cual (con toda la fuerza del Estado) se oculta, se protege y se defiende a sus socios de los cárteles de las drogas y, sobre todo, a sus narcopolíticos. La clandestinidad como herramienta criminal al servicio de las tiranías. Vaya pues.
Y aunque el lunes quiso recular y trató de corregir sus dichos (diciendo que no fueron acusaciones directas contra Trump), sin duda alguna la Sra. Sheinbaum perjudicó con su falaz retórica soberanista las negociaciones en torno al T-MEC y seguramente habrá consecuencias para México.
No es necesario declarar ninguna clase de hermanamiento entre La Habana y la CDMX. Ya son hermanas gemelas: están hermanadas en el deterioro constante de las libertades, de la justicia y de la democracia. Nada bueno bajo el Sol…
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