El capitán, Mehdi Taremi, y el entrenador Amir Ghalenoei de la selección de Irán sostienen que el equipo ha enfrentado obstáculos migratorios, restricciones de movilidad y problemas logísticos, que no parecen aislados de un boicot
El capitán, Mehdi Taremi, y el entrenador Amir Ghalenoei de la selección de Irán sostienen que el equipo ha enfrentado obstáculos migratorios, restricciones de movilidad y problemas logísticos, que no parecen aislados de un boicot

La Copa del Mundo de 2026 acaba de entrar en un terreno que la FIFA siempre ha intentado evitar: el de la confrontación política internacional.
La selección de Irán ha elevado una acusación de enorme gravedad contra el gobierno de Estados Unidos y los organizadores del torneo. Su capitán, Mehdi Taremi, y el entrenador Amir Ghalenoei sostienen que el equipo ha enfrentado obstáculos migratorios, restricciones de movilidad y problemas logísticos tan severos que consideran que hubo un intento deliberado por dificultar su participación deportiva.
"Esto ha sido un Mundial desastroso. Han hecho todo lo posible para eliminarnos. Nos quieren fuera", denunció Taremi después del empate frente a Egipto.
No se trata de una queja aislada de un futbolista frustrado. Las denuncias han sido documentadas por agencias y periódicos internacionales de referencia, entre ellos Reuters y The Guardian, que han dado cuenta de las dificultades extraordinarias que ha enfrentado la delegación iraní durante el torneo.
El capitán de la Selección de Irán, Mehdi Taremi, explotó contra la FIFA y la organización de Estados Unidos.
— Martín Dandach (@MartinDandach) June 27, 2026
“Esta es una Copa del Mundo desastrosa. Como jugadores profesionales no podemos jugar una competición en estas condiciones, no está bien ni es justo. Si la FIFA piensa… pic.twitter.com/mKPixKbgNe
La evidencia periodística disponible permite establecer que Irán sí enfrentó circunstancias excepcionales:
El propio Ghalenoei calificó a Irán como "el equipo más oprimido del torneo" y reclamó públicamente a la FIFA asumir una posición más firme frente a los países anfitriones.
La molestia iraní también apunta directamente hacia la FIFA. Según Taremi, el presidente del organismo, Gianni Infantino, acudió al vestidor del equipo después del encuentro contra Nueva Zelanda y prometió intervenir para resolver los problemas administrativos y logísticos.
La situación, sin embargo, no cambió.
"Infantino dijo que iba a ayudarnos y nada ocurrió", reclamó el delantero iraní. La FIFA no había emitido una respuesta pública a las acusaciones al cierre de esta edición.
La controversia exhibe una contradicción que amenaza con convertirse en uno de los episodios más incómodos en la historia reciente de la Copa del Mundo.
Por primera vez, una nación anfitriona recibe a una selección procedente de un país con el que mantiene profundas tensiones geopolíticas y de seguridad. La relación entre Washington y Teherán atraviesa uno de sus momentos más delicados en años y las políticas migratorias extraordinarias aplicadas a la delegación iraní han terminado impactando directamente en su participación deportiva.
El lema oficial de la FIFA sostiene que "el futbol une al mundo". Para Irán, la experiencia ha sido exactamente la contraria.
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