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Que no quede huella…

Madrid.- “Que no quede huella” es el título de una popular canción de aquel exitoso grupo Bronco, originario de Apodaca, Nuevo León. “Que no quede huella” podría ser también el sello de la directriz de los nefastos gobiernos de la cuarta transformación. Dicha directriz fue implantada por el tabasqueño López Obrador y continuada -con absoluta obediencia hasta hoy- por Claudia Sheinbaum. 

En su andadura gubernamental, ambos personajes han vulgarizado hasta el hartazgo el trabajo legislativo: han convertido en un circo al Poder Judicial; han arrasado cínicamente con los equilibrios necesarios de los órganos electorales. Han desfigurado la imagen internacional de México.  

Su serial de escandalosas y corruptas obras de gobierno (la megafarmacia, el AIFA, el Tren Maya, la refinería Dos Bocas, LitioMx, Mexicana de Aviación, Gas Bienestar, Insabi, la vacuna Patria, Segalmex, etc) dan cuenta de esa capacidad destructiva del dúo AMLO-Sheinbaum.

Y todo ello se ha llevado a cabo con todas las garantías de impunidad, dado que desaparecieron todas las instancias de transparencia. ¿Para qué? Para que la opacidad garantice “Que no quede huella”

Una de las mejores muestras de los delirios patológicos compartidos entre el tabasqueño y Sheinbaum ha sido su obsesión por el tema de la conquista de México.

Basta recordar que cuando Claudia gobernaba en la Ciudad de México, ésta decidió cambiar el nombre de la “avenida Puente de Alvarado” por “avenida México-Tenochtitlán”, argumentando que Pedro de Alvarado había sido el principal perpetrador de la matanza del Templo Mayor. “Que no quede huella”…

No bastando lo anterior, a Sheinbaum se le ocurrió también la genial idea de cambiar el nombre de la “Plaza del Árbol de la NocheTriste” (en el barrio de Popotla), por “Plaza del Árbol de la Noche Victoriosa”. Nuevamente la patética imposición de la patología AMLO-Sheinbaum: “Que no quede huella”…

La última locura antihispánica de nuestra presidenta, en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, fue cambiar el nombre del “Paso de Cortés” por “Paso de los Pueblos Indígenas”. Repito, “Que no quede huella”…

Seguramente doña Claudia seguirá con estas payasadas referentes a la Conquista como distractor político ante sus fracasos públicos. Su capacidad de hacer el ridículo parece infinita. Tiene materia prima para rato. Le quedan las calles “Diego de Almagro” y “Pedro de Valdivia”, ambas en la Ciudad de Irapuato. También podrá hacer de las suyas con la calle “Pedro de Mendoza” en Monterrey, Nuevo León.

Ahora bien, si Claudia Sheinbaum decide hacer barbaridades mayores, podría atreverse (y no lo dudo) por modificar el nombre al “Palacio de Cortés” (en Cuernavaca, Morelos) por el de “Palacio de la Ignominia”. Y ya encarrerados, no dudemos que se le pueda ocurrir la sesudísima idea de eliminar el nombre del bellísimo “Paseo Montejo”, (en Mérida Yucatán) para sustituirlo por el de “Paseo de los Indígenas Mayas”. Y seguramente lo hará bajó la premisa de “Que no quede huella”…

El país se cae a pedazos y esta señora se dedica a prodigar odio (un día sí y al siguiente también), sobre hechos sucedidos hace 500 años. Al Igual que su antecesor, pierde tiempo y hace perder el tiempo a una nación a la que le urgen soluciones. Hoy pretende censurar los contenidos sobre la realidad nacional ante su incapacidad gubernamental y su complicidad criminal con las sanguinarias mafias de las drogas. Para ella lo importante es “Que no quede huella”…

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