Rubio hoy navega un Departamento de Estado desmantelado, donde la ética ha sido sustituida por el comercio y la diplomacia tradicional por la fuerza bruta
Rubio hoy navega un Departamento de Estado desmantelado, donde la ética ha sido sustituida por el comercio y la diplomacia tradicional por la fuerza bruta

De ser el "pequeño Marco" insultado en las primarias de 2016 a convertirse en el arquitecto de la caída de regímenes en América Latina, Marco Rubio ha completado una metamorfosis política sin precedentes, desgrana Dexter Filkins en un amplio perfil sobre el jefe del Departamento de Estado de EU, publicado recientemente en la Revista New Yorker.
Rubio hoy navega un Departamento de Estado desmantelado, donde la ética ha sido sustituida por el comercio y la diplomacia tradicional por la fuerza bruta. Mientras celebra el derrocamiento de Maduro en Venezuela, Rubio se enfrenta a su mayor reto: evitar ser consumido por la misma administración volátil a la que ha jurado lealtad absoluta, en un mundo donde Estados Unidos ha dejado de ser un aliado confiable para convertirse en un hegemón impredecible.
El perfil de Dexter Filkins desmenuza la psicología de un hombre que ha aprendido que, en la era de Trump, la coherencia es un lastre y la flexibilidad es la única vía de supervivencia. La "metamorfosis" de Rubio no es solo estética; es un cambio estructural en su visión del mundo.
Filkins destaca el contraste entre el Rubio de 2013 y el de hoy. En sus inicios, Rubio era el rostro de un conservadurismo aspiracional, promoviendo una reforma migratoria que incluía un camino a la ciudadanía (la famosa "Banda de los Ocho").
El perfil revela que hoy, Rubio no solo ha abandonado esa postura, sino que utiliza la migración como una herramienta punitiva, negociando traslados de detenidos a prisiones de máxima seguridad en El Salvador y eliminando visados basándose en opiniones vertidas en redes sociales.
El cambio más dramático reside en su relación personal con Donald Trump. Tras las primarias de 2016, donde Rubio llamó a Trump "estafador" y cuestionó su aptitud para manejar los códigos nucleares, el Secretario de Estado ha ejecutado una pirueta retórica total.
Según el artículo, en 2021, aunque inicialmente validó la victoria de Biden, Rubio rápidamente adoptó la retórica del fraude electoral para no perder el favor de la base MAGA.
El lenguaje del resentimiento es su sello dice Filkins, “sus libros pasaron de exaltar las oportunidades del sistema estadounidense a denunciar una ‘presidencia marxista’ y atacar a las ‘élites mimadas’, adoptando el estilo combativo y populista de su jefe”.
Como "halcón", Rubio creía en la proyección del poder estadounidense a través de la democracia y la ayuda humanitaria. Sin embargo, Filkins detalla cómo Rubio ha presidido la destrucción de estos pilares:
El caso de U.S.A.I.D.: Aceptó el despido del 90% del personal de ayuda internacional, a pesar de que esto entregó espacios estratégicos en África y Eurasia a la influencia de China.
Emasculación diplomática: Ha permitido que la diplomacia sea gestionada por empresarios y donantes (como Steve Witkoff), convirtiéndose en un "facilitador silencioso" de acuerdos transaccionales que priorizan el beneficio económico inmediato sobre la estrategia nacional a largo plazo.
El perfil subraya que, aunque en privado Rubio intenta moderar la visión aislacionista de Trump sobre Ucrania, en público se ha visto obligado a humillar a aliados. Filkins narra cómo Rubio terminó exigiendo disculpas a Zelenski para alinearse con la postura de J.D. Vance, enterrando definitivamente su pasado como defensor a ultranza de la resistencia contra Putin.
Rubio ha pasado de ser un estratega con principios a un "explicador" de los impulsos presidenciales. Su evolución refleja la del propio Partido Republicano: una entidad que ha sustituido la ideología por la fidelidad absoluta a una figura central, incluso si eso significa desmantelar los cimientos del liderazgo global que alguna vez defendieron.
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