Creo en una prensa en la que tengan cabida las posturas de los diversos horizontes políticos, filosóficos y existenciales, una prensa plural y democrática. ¿Eso implica que se dé espacio a la apología del delito? No es lo mismo acoger la pluralidad de ideas que admitir el enaltecimiento de crímenes gravísimos.
¿Debería aceptarse como columnistas a Charles Manson o al Mochaorejas alardeando de sus atrocidades? ¿A un terrorista justificando que por sus objetivos políticos detonó bombas que mataron o mutilaron a hombres, mujeres, niñas y niños?
¿Hubiera sido plausible que un periódico no nazi aceptara a un representante de Hitler jactándose de las invasiones a países europeos o del exterminio a los judíos? ¿Que un diario no estalinista admitiera a un representante de Stalin presumiendo el gulag o los juicios a los antiguos camaradas? ¿Que un rotativo no maoísta publicara a un representante de Mao vanagloriándose de la revolución cultural o el gran salto que mató de hambre a millones de chinos?
Me dio náusea descubrir en Milenio (28 de agosto) el texto “Réplica al artículo del embajador de la UE” de Aleksandr Batadeev, encargado de negocios de Rusia, como “articulista invitado”. En ese escrito Batadeev se dedica a justificar la invasión de las tropas de su país a Ucrania. Lo hace sin ahorrar falsedades ni exculpaciones grotescas.
La invasión rusa a Ucrania se debió ––falsea Batadeev–– a que allí se comenzó “a preparar el terreno para acercar la infraestructura militar de la OTAN a las fronteras rusas”. Pero la frontera con Rusia no es motivo para que Ucrania no ejerza su soberanía. El verdadero temor de Putin no era una agresión militar, sino el éxito de una Ucrania democrática y alineada con la Unión Europea, lo que restaría influencia geopolítica a Rusia en el espacio postsoviético.
Batadeev acusa al gobierno ucraniano de reprimir a la disidencia y de atacar a la población civil rusa, pero en realidad eso es lo que hace su gobierno. Putin no sólo encarcela disidentes: los envenena. En Rusia hay miles de presos políticos, más de mil, por criticar la invasión a Ucrania.
Alrededor de 17 mil civiles y 55 mil soldados ucranianos han sido asesinados durante la invasión. Los bombardeos han destruido hospitales, viviendas, escuelas e infraestructura. Cientos de mujeres ––ancianas y niñas incluidas–– y hombres han sido violados por soldados rusos.
La invasión a Ucrania y su secuela de atrocidades son un crimen de lesa humanidad.
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