“No day shall erase you from the memory of time”, así en inglés, destaca la frase de Virgilio en el Memorial que recuerda el atentado terrorista contra la humanidad, del 11 de septiembre de 2001. Hace exactamente un cuarto de siglo.
La expresión de “La Eneida” es un lamento fúnebre del propio poeta para inmortalizar la captura y muerte de los guerreros troyanos Euríalo y Niso. Es un grito contra la muerte, como ese monumento-cicatriz de Nueva York, en el lugar donde estuvieron las Torres Gemelas derribadas por los asesinos. Ofrenda arquitectónica a las víctimas que conforman las dos potentes ráfagas de luz en el cielo, el museo que guarda objetos, fotos, carro de bomberos de aquel fatídico día, el árbol de peras que supervivió al ataque, pero sobretodo, ese lugar donde “nace” el agua de las paredes y cae a un infinito, donde están inscritos los nombres en bronce de las 2,983 personas fallecidas, allí, por el impacto de los aviones.
Allí están conviviendo apellidos norteamericanos, ingleses, alemanes, griegos, irlandeses, italianos o judíos, como Adler, Theodoridis, Feidelberg, Clinton, Kennedy, Carter, O´Connor, Rosenzweing, Mc Kenzie; con latinos como Coppola, Amato, La Forte, y españoles o mexicanos, como Bravo, Caballero, Chávez, Martínez, Gómez o González, incluso chinos o japoneses y musulmanes, Hamdani, Ching Chan, Akwasi o Kawauchi. Esas vidas convivían. No sólo compartían un inmueble, comedores, elevadores, baños; sino que participaban de la vida de los otros: dialogaban, soñaban, competían, hacía negocios, quizá se enamoraban; pues esa coexistencia fue el objetivo de los avionazos que derrumbaron las torres: la cohabitación entre todos esos apellidos distintos, y a partir de ese momento los apellidos son armas arrojadizas entre las personas. El nombre y su origen es arma arrojadiza. Y el asesinato no tiene diferencia moral en Nueva York o Palestina.
Hace 25 años algunos tuvieron un "éxito de muerte”, donde se fracturo la mundialización de los apellidos abrazados sin distingo. Hoy, la desconfianza y el miedo al vecino, al prójimo, parecen ganar la partida, tanto en el discurso racial de Trump, como en el etnonacionalismo de la presidenta Sheinbaum que inició una cruzada contra la “doble nacionalidad”. Misma raíz discriminatoria.
Lo que nadie debe olvidar es la esencia multiétnica de los trabajadores de las Torres Gemelas, reflejado en los múltiples apellidos del Memorial. Y no debemos olvidar con Virgilio a nuestros muertos y a nuestra convivencia pacífica, y de paso recordar que Virgilio guio a Dante por el infierno...
Posdata.- Falso amor de Morena y la presidenta a los pueblos originarios. Palabras huecas. Sólo saliva. Ministros chicharroneros disfrazados de indígenas, ceremonias y rituales autóctonos. Incienso, eso: puro humo. El arqueólogo Leonardo López Luján, pide asignar en el presupuesto 2027 “recursos básicos para la investigación, la conservación, la enseñanza y la divulgación del patrimonio cultural de México, legado único en el mundo”. Mucho disfraz autóctono en Morena, pero poco dinero al Instituto Nacional de Antropología e Historia y a la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
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