Rosario Piedra confesó que no leyó la recomendación que elaboró el equipo de Luis Raúl González Pérez sobre el caso Ayotzinapa.
Es sintomático el poco rigor que impera, porque se trata de una de las investigaciones más rigurosas de las que se tenga memoria.
La recomendación 15/VG/2018 contiene muchos de los elementos que ayudarían a cerrar el expediente de uno de los episodios de violación de derechos humanos más graves de la historia reciente.
La actual titular de la CNDH suele vanagloriarse de lo que ignora, pero sus asesores aprovechan lo que les conviene.
Es lo que hicieron en el documento que emitieron recientemente, donde utilizan hallazgos del equipo de José Larrieta para mostrarlos en un esquema que creen conveniente para la 4T.
Es lo que ocurre con El Patrón, a quien se le definió como el autor intelectual de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
El problema es que no se sabe quién es ese sujeto, aunque los colaboradores de Piedra Ibarra ya le pusieron nombre y apellido: Rubén Figueroa Alcocer, el exgobernador de Guerrero.
Hasta “las revelaciones” de Piedra Ibarra, ni en la entonces comisión de la verdad, a cargo de Alejandro Encinas, ni en lo que respecta a las investigaciones de la PGR se avanzó por esa ruta.
En la recomendación 208/VG/2026 inclusive se reprocha al actual representante de México en la OEA por no seguir esa pista.
Sin embargo, desde 2018 la CNDH recomendó a la PGR profundizar en la identidad de El Patrón y su rol en toda la trama criminal.
De la propia investigación se genera un perfil: autoridad de decisión sobre víctimas, lo que se desprende de los testimonios de un testigo en el Puente de El Chipote y lo relacionado con el autobús 1531; emisión de la orden letal, la “luz verde” para asesinar y desaparecer a los estudiantes de la normal de Ayotzinapa; coordinación de seis ataques armados en el crucero de Santa Teresa; las instrucciones que derivaron en lo ocurrido en Loma de Coyotes; sustracción de los normalistas detenidos en la comandancia de Iguala, y la coordinación de diversas autoridades locales, estatales y federales en un esquema que permitió la impunidad.
El Patrón es un personaje clave, aunque polémico. Gustavo Hirales, en su libro Ayotzinapa, la falacia del crimen de Estado, es escéptico respecto a su alcance y existencia.
Para la CNDH —la de antes de esta etapa destructiva— existen todos los elementos para considerarlo el superior jerárquico de los personajes delincuenciales implicados en el desenlace trágico de la noche de Iguala.
Su identidad, por lo demás, es conocida por Ángel Aguirre, quien inclusive señaló que Blanca del Rocío Estrada Ortega, exvisitadora del Tribunal Superior de Justicia de Guerrero, estaba al servicio de El Patrón.
Las baterías apuntan presuntamente a Figueroa Alcocer, de acuerdo con la recomendación de Piedra Ibarra, lo que, de comprobarse, sería un golpe de altas proporciones en las investigaciones, aunque tampoco cambiaría el nudo central de la historia.
En todo caso, mostraría el tiempo perdido por no atender lo señalado por la CNDH desde la recomendación de noviembre de 2018.
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