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El tamaño de la destrucción

Morena y sus propagandistas intentan minimizar el desplome educativo. Ninguna de sus excusas resiste los datos.

Dicen que una prueba estandarizada no permite comparar países. Es absurdo: para eso se estandariza. PISA no mide todo. Mide tres cimientos: comprensión lectora, razonamiento matemático y conocimiento científico a los 15 años. Sin ellos, lo demás difícilmente se construye. Además, permite comparar a México consigo mismo desde 2000.

Culpan a las pantallas. Pero pantallas hay en todas partes y no todos cayeron. Asia mantiene resultados extraordinarios. Brasil, antes debajo de México, ya nos superó en lectura; Colombia, en ciencias.

También dicen que la caída fue pequeña. La comparan con 2022, cuando México ya se había derrumbado. Frente a 2018, perdió 21 puntos en matemáticas, 12 en lectura y cinco en ciencias.

Su última coartada es la inclusión: sostienen que el promedio bajó porque entraron más jóvenes marginados. Es falso. La proporción de estudiantes de 15 años dentro de la escuela aumentó de 63% a 76% entre 2015 y 2018. Con Morena cayó a 75%. El desastre llegó con menos alumnos, no con más.

El daño es todavía mayor. La reforma educativa de 2012-2019 había detenido una caída de más de 10 años y comenzado a elevar los aprendizajes, sobre todo en matemáticas en las escuelas públicas. Bedoya, De Hoyos y Estrada demuestran que el Servicio Profesional Docente mejoró la selección de maestros y el aprendizaje matemático.[1] Morena no solo provocó un desplome: destruyó un instrumento que funcionaba.

La primera destrucción está fuera de PISA. En 1921, México inició un siglo continuo de expansión educativa. Todos los gobiernos, de Obregón a Peña Nieto, aumentaron la cobertura. Morena rompió esa marcha: preescolar cayó de 72% a 61%; primaria, de 96% a 93%; secundaria se estancó y bachillerato retrocedió dos puntos.

Duplicaron el presupuesto de becas, pero redujeron casi a la mitad el apoyo recibido por los estudiantes más pobres. Márquez-Padilla, Parker y Vogl muestran que sustituir Prospera disminuyó la asistencia escolar y aumentó el trabajo juvenil informal.[2]

La segunda destrucción fue financiar esa expansión desmantelando otros programas. El caso más cruel son las 25 mil escuelas de tiempo completo. Atendían a cuatro millones de niños: aprendían más, comían mejor y permitían que sus madres trabajaran. Morena las borró. También redujo 92% la formación docente, más de 60% el presupuesto de las normales y recortó el programa de inglés.

La tercera fue pauperizar los planes y los libros: redujeron brutalmente la enseñanza de las matemáticas e impusieron un método de alfabetización anticuado y desarticulado. Debilitaron justo las capacidades que PISA evalúa.

La cuarta fue devolver plazas y promociones al control político y sindical. Separar el poder político de la carrera docente había permitido contratar mejores maestros y elevar los aprendizajes.[1] Morena restauró la arbitrariedad: volvió a someter a los maestros y sacrificó a los alumnos.

La hipocresía completa el retrato. Los hijos de sus políticos estudian en escuelas privadas: jornadas completas, buenos materiales, inglés y maestros libres del yugo sindical. Conservan para los suyos aquello que arrebataron a los pobres.

Ante el desastre, no rectifican. Minimizan, polarizan y mienten. Con Morena, la tragedia continuará.

La reconstrucción de México debe comenzar en la escuela. Una nueva república liberal exige una educación para la libertad: que cada persona tenga los instrumentos para construir, sin subordinación, su propio proyecto de vida.

[1] Juan Bedoya, Rafael de Hoyos y Ricardo Estrada, “Rule-Based Civil Service”, Economics of Education Review, 2026.

[2] Fernanda Márquez-Padilla, Susan W. Parker y Tom Vogl, “Rolling Back Progresa”, 2025.

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