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Un presupuesto electoral

El gobierno presentó el Presupuesto de Egresos 2027, es el más grande de la historia: 10.6 billones de pesos (bdp). De ese total, un bdp se destinará a programas sociales que entregan efectivo. Ese es el precio de la democracia para la 4T.

Ese billón no construye nada; no son carreteras, ni hospitales, ni escuelas. Es gasto corriente, dinero que se entrega y se gasta de inmediato. Solo sostiene un consumo efimero que posterga el desarrollo.

El problema empieza en cómo se paga, México no recauda suficiente para cubrirlo. El propio presupuesto reconoce un déficit de 1.3 bdp. Ese faltante se “cubre con deuda”. Sólo en intereses ya pagaremos 1.5 bdp, más que todo el presupuesto en salud.

Existe un mandato constitucional, el artículo 73 y la Ley Federal del Presupuesto que prohíben que la deuda pueda usarse para financiar gasto corriente. Solo se autoriza para inversión productiva, obras que generen futuro. El presupuesto hipoteca nuestro futuro para sostener el presente. Es un presupuesto electoral.

El artículo 134, párrafos séptimo y octavo, prohíbe a cualquier servidor público usar recursos públicos para influir en elecciones. Ordena imparcialidad. Que la propaganda de programas sociales sea institucional, sin nombres ni promoción personal. El gobierno de la 4T y su partido violan esta ley sistemáticamente.

El Tribunal Electoral lo precisó en la tesis LXXXVIII/2016: los programas pueden continuar en elecciones, pero no entregarse en eventos masivos ni en formas que rompan la equidad entre partidos.

El Presupuesto 2027 hace exactamente lo opuesto. Aumenta transferencias en 100 mil millones justo antes de la intermedia de 2027. Concentra más de la mitad en un solo programa, la pensión de adultos mayores, con 15 millones de beneficiarios recibiendo al mismo tiempo. Bajo un esquema universal, sin evaluación, sin padrón auditable, sin contraloría ciudadana, es un modelo visible, masivo y atribuible a un gobierno. Al gobierno de CSP.

El 55% de los mexicanos trabaja en la informalidad, y tanto el déficit como el endeudamiento público rozan ya cifras muy peligrosas.

El resultado revela la prioridad del gobierno: en 2027, por primera vez, México gastará lo mismo en “repartir becas” que en construir infraestructura: un billón para transferencias, un billón para inversión física. Un peso para becas, un peso para construir. Ningún país ha salido de la pobreza con una política fiscal tan absurda. El FMI calcula que mover un punto del PIB de gasto corriente a inversión puede elevar el crecimiento potencial 3.5 por ciento. Hacemos exactamente lo contrario.

No se trata de eliminar gasto social. Se trata de entender en qué se gasta, lo que hoy tenemos no es una estrategia contra la pobreza, es una estrategia electoral financiada con deuda pública, es insostenible en el tiempo, regresiva, le asegura a la 4T su permanencia en el tiempo a expensas del subdesarrollo de millones de mexicanos.

Ya lo decía AMLO, necesitamos más pobres para sostener a la 4T. Van en camino de lograrlo.

Pancho Graue

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