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Jerusalén, los mariachis callaron

Hace 25 años se suspendió el Grito de Independencia en las embajadas de México en todo el mundo.

Recuerdo aquella historia porque me encontraba en Jerusalén haciendo arreglos para trasladarme a Tel Aviv cuando avisaron que no habría festejo alguno y que ello era señal de duelo y solidaridad con Estados Unidos, que apenas unos días antes, el 11 de septiembre, enfrentó el ataque terrorista más grande de que se tuviera y se tenga memoria.

Quizá esa remembranza era lo menos notable en una región acostumbrada a vivir entre alertas impregnadas de una zozobra cotidiana en la que lo último que importaría serían los tequilas, los mariachis y los vivas a los héroes a 12,500 kilómetros de distancia de vuelo.

En efecto, eran momentos de gran incertidumbre y no existía el ánimo para la fiesta, mucho menos en Israel, donde lo que se ponderaban eran las posibilidades, nada remotas, de que los coletazos de las Torres Gemelas también pegaran o extendieran los vientos de la guerra.

No ocurrió porque se hizo un puntual trabajo diplomático por parte de la Casa Blanca con Yasser Arafat y Ariel Sharon, donde quedó claro que la aventura del terror de Osama Bin Laden no tenía nada que ver con las tensiones regionales y, menos aún, con las rutas elegidas para su solución o atenuación.

Pero los días posteriores al 11 de septiembre de 2001 resultaron cruciales en muchos sentidos.

Visto en perspectiva, el cambio de una época —porque eso fue— se pudo apreciar en detalles concretos, como las medidas de seguridad en los aeropuertos y en los trámites para los viajeros.

La libertad y la seguridad, esa antigua tensión que gravita en los ámbitos de la democracia, pero también de las fuerzas de seguridad.

Vendrán días, semanas, meses y años de angustias. Ya nada fue como antes del 11 de septiembre. ¿Estamos mejor o peor? ¿Aprendimos algo? ¿Hay más seguridad y menos democracia?

Son preguntas que gravitan y tienen respuestas múltiples y dependen del ángulo por donde se miren, pero 25 años son muchos, por todo lo que contienen.

¿Cómo es cuando la historia pasa como un huracán? Nadie lo sabe en el momento, pero algo tiene que ver Jerusalén —en realidad Tel Aviv, porque ahí está la embajada mexicana— sin mariachis el 15 de septiembre.

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