Desde 2003, el Centro Nacional de Prevención de Desastres ha contabilizado 649 accidentes por pirotecnia en el país, con cerca de 500 personas muertas y 2 mil 65 lesionadas. La mayoría de las víctimas tiene entre 5 y 14 años. Las muertes se concentran en el Estado de México, Puebla, Tlaxcala, Jalisco, Oaxaca, Michoacán y Guanajuato.
El 92 por ciento de la pirotecnia que se vende en el país sale de sitios irregulares. La pólvora blanca, la variante más explosiva, corrosiva e inflamable del mercado, es también la que más daño causa a la salud de quienes la fabrican y la manipulan. La Secretaría de la Defensa Nacional otorga los permisos de fabricación, transporte y venta de explosivos, y es la autoridad que debería vigilar ese mercado. No lo hace.
El 5 de septiembre, en Temascalcingo, Estado de México, cerca del límite con Querétaro, la pirotecnia almacenada junto a una parroquia explotó durante una fiesta patronal. Murieron 10 personas y 64 resultaron heridas.
En Querétaro conozco ese patrón desde hace años. En diciembre de 2018, en la comunidad de Fuentezuelas, municipio de Tequisquiapan, una explosión durante una procesión mató a ocho personas, tres de ellas menores de edad, y dejó 53 heridos. En abril de 2023, en Corregidora, la pirotecnia que un cohetero llevó a una velada religiosa estalló dentro de una vivienda y él murió una semana después por las quemaduras. En Peñamiller las explosiones por almacenamiento clandestino se han repetido, la más reciente en junio de este año. Entre 2018 y 2023, mi estado sumó nueve muertes y al menos 76 personas lesionadas por pirotecnia en celebraciones religiosas.
Ningún municipio queretano tiene hasta hoy un reglamento que sustituya la pólvora por tecnología limpia en sus fiestas patronales. La decisión ha quedado en manos de organizadores particulares y no de una política pública.
El propio gobierno federal reconoce el problema: desde 2024 existe un Programa Especial para la Reducción del Riesgo por el Manejo de Artificios Pirotécnicos que exige coordinar a los tres órdenes de gobierno. Esa coordinación no ha llegado a Querétaro.
La contaminación también es un asunto de Estado. Cada explosión libera partículas y gases que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales debería medir y regular, no solamente autorizar.
Por eso hoy hacemos algo que no se había hecho antes: presentar la misma agenda al mismo tiempo en dos pisos de gobierno. Desde la Cámara de Diputados, y junto con el coordinador municipal de Movimiento Ciudadano en Querétaro, Armando Rivera, y los diputados locales Tere Calzada y Paul Ospital, la Bancada Naranja presenta de manera simultánea la iniciativa federal y la local para regular la pirotecnia, prohibir la pólvora blanca y abrir el paso a alternativas seguras y de bajo impacto. Una ley federal sin reglamento municipal se queda en el papel, y un reglamento municipal sin ley federal no alcanza a tocar los permisos ni el mercado clandestino. Las dos se necesitan, y por eso van juntas.
La reforma que presentamos en la Cámara prohíbe la pólvora blanca y ordena la transición hacia pirotecnia fría, drones y espectáculos de luces en fiestas patrias, festivales y desfiles. Propongo que la Semarnat emita el dictamen que autorice o no esa transición a cada gobierno estatal y municipal, y que la Sedena defina qué elementos quedan definitivamente prohibidos.
La transición no puede ser abrupta. Hay familias y economías locales que dependen de la pirotecnia, y el cambio debe hacerse paso a paso, con los meses necesarios para que esas comunidades se reconviertan sin perder el sustento.
El paquete de reformas ya está en la Comisión de Defensa Nacional. La Sedena se ha resistido a moverlo.
La tecnología ya funciona. En El Marqués, un evento municipal sustituyó los fuegos artificiales por toritos con luces LED y un espectáculo de drones sin perder la fiesta. En Nuevo León, Movimiento Ciudadano presentó hace un año una reforma ambiental para dar ese mismo paso en los eventos masivos del estado.
Voy a insistir en el Congreso hasta que la Sedena rinda cuentas por el 92 por ciento del mercado que hoy no vigila. La próxima fiesta patronal no tiene por qué terminar en una lista de heridos.
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