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Fronteras y pasaportes

Saltillo, Coah.- Desde el norte, la frontera se ve distinta.

Mientras en el centro del país se discute si una persona con doble nacionalidad puede aspirar a la Presidencia de México o a una gubernatura, en Coahuila hacemos todos los días exactamente lo contrario: buscamos fortalecer nuestra relación con Texas.

Y qué bueno que así sea.

Esta semana el gobernador Manolo Jiménez realizó una gira por Texas para promover a Coahuila, fortalecer vínculos y abrir oportunidades. En la agenda estuvieron temas económicos y turísticos, pero también proyectos que hablan de nuestra identidad, como el Rodeo Saltillo y la Ruta Vinos & Dinos.

Porque para nosotros Texas no es una realidad lejana. Es vecino, socio y parte de una dinámica económica, familiar y cultural que se vive todos los días.

Hay empresas que operan de ambos lados, familias binacionales, estudiantes, trabajadores, comercio, turismo e inversiones que cruzan permanentemente la frontera. Buena parte de la competitividad de Coahuila se entiende precisamente por nuestra ubicación y por la capacidad que hemos tenido para aprovecharla.

Por eso llama la atención que, al mismo tiempo, la conversación nacional esté concentrada en la doble nacionalidad y en si poseer otro pasaporte puede poner en duda la lealtad de quien aspira a gobernar. ¿De verdad ahí está el problema?

Quizá valdría la pena hacernos otra pregunta.

En un estado fronterizo como Coahuila, ¿qué tendría mayores consecuencias prácticas: que un gobernante tenga una segunda nacionalidad o que no pueda siquiera entrar a Estados Unidos porque le fue retirada la visa?

Una visa revocada no significa por sí misma la comisión de un delito ni conocemos necesariamente las razones por las que otro país toma esa decisión. Pero para quien pretende gobernar un estado fronterizo sí existe una consecuencia objetiva: limita su capacidad de interlocución presencial con el país y el estado vecino con los que necesariamente tendrá que relacionarse.

Esta semana tenemos un buen ejemplo. Coahuila está en Texas tocando puertas, promoviendo nuestros productos, nuestros eventos, nuestra cultura y nuestras ventajas. Lo hacemos porque entendemos que una buena relación con nuestros vecinos puede convertirse en inversión, turismo, empleo y oportunidades para nuestra gente.

México, por supuesto, tiene derecho a establecer los requisitos que considere necesarios para quienes aspiren a gobernarlo. Pero quizá deberíamos tener cuidado de no confundir identidad con aislamiento, ni lealtad con el número de pasaportes que una persona posee. Desde Coahuila la frontera se entiende de otra manera.

Aquí no vemos a Texas como una amenaza a nuestra identidad. Vemos un vecino, un socio y una oportunidad.

Y mientras en el centro se discute cuántas nacionalidades puede tener un gobernante para demostrar su compromiso con México, desde el norte seguimos haciendo algo mucho más práctico: construir puentes y procurar que esa relación se traduzca en beneficios para nuestra gente.

Porque la lealtad a un país difícilmente cabe en un pasaporte. Se demuestra, sobre todo, en la manera de gobernarlo.

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