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¿Se reduce la violencia?

Según el último reporte del SESNSP, presumido hace unos pocos días en la mañanera, los homicidios dolosos se han reducido 40% al pasar de un promedio de 86.9 asesinatos diarios en  septiembre de 2024 (último mes del gobierno de AMLO) a 57.4 en diciembre de 2025. Este dato es la piedra angular del discurso oficial sobre la eficacia de la estrategia de seguridad del actual gobierno en su objetivo de reducir la violencia. Casi nadie duda ni regatea la bondad de haber abandonado la criminal política de los “abrazos y no balazos” de López Obrador y tampoco hay dudas sobre la competencia y honestidad de Omar García Harfuch como estratega y operador de la nueva política.

Sin embargo, los avances y la métrica en que se fundamentan deben ser debatidos por el bien del país y del mismo gobierno. El problema es demasiado serio y llevamos muchos años queriendo solucionarlo sin lograrlo, que de nada sirve autoengañarnos. Comencemos con los problemas de estadística y clasificación de los eventos que expresan la violencia contra la vida y la integridad de las personas en las calles del país:

  • Resulta penoso, en primer lugar, el descuido de quienes elaboraron el documento aquí citado, ya que, al calcular el porcentaje de la baja de 87 a 57 homicidios diarios en promedio, resulta que se trata de 34%, no de 40. A cualquiera se nos pasa un error; lo criticable es la ausencia de mecanismos de verificación de la información oficial que permiten que la presidenta y el secretario de Seguridad mientan involuntariamente en cadena nacional. Pero lo más grave es la incapacidad de reconocer el error y corregir el dato, porque eso sí no es involuntario. Entonces uno comienza a sospechar que existe una voluntad de engañar, de exagerar los logros, lo que produce un resultado desastroso: la pérdida de la credibilidad en la información oficial.
  • En segundo lugar, está el sistema de clasificación. La estadística utilizada por Sistema Ejecutivo del SNSP no incluye en su cálculo de homicidios a los feminicidios. ¿Por qué los excluyen? ¿Sólo porque están en otro renglón del sistema de clasificación? ¿Otro indicio de la voluntad de autoengañarse?
  • Lo mismo ocurre con el último renglón del sistema de clasificación de los delitos contra la vida e integridad corporal. En esa categoría están los homicidios dolosos, los culposos (o no intencionales) lesiones, feminicidios, abortos y por último un renglón que dice “otros delitos que atentan contra la vida y la integridad corporal” sin ninguna explicación o detalle de qué se trata. El problema es que el número de eventos registrados en este renglón tiene un comportamiento muy extraño. Es decir, hay miles de personas que mueren al año sin que se sepa por qué y cómo murieron. No es extraño que haya un número de estos casos; el problema es el crecimiento desmedido sin ninguna explicación, pues en 2015 había 3 mil 700 casos y el año pasado llegaron a 14 mil 600; un aumento de casi 300 por ciento. En 2015 representaron 21% de los homicidios, en 2025, 73%, incluso en algunas entidades hay más muertes en esta categoría indefinida que homicidios dolosos. Independientemente de que estén clasificados con dolo o no en la categoría de otros delitos contra la vida y no en la de homicidios dolosos, existen los cadáveres, existe la violencia; el problema persiste. Lo que falta es que las fiscalías de los estados y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública expliquen qué está ocurriendo.

  • El último problema con el sistema de clasificación de los eventos que dan cuenta del nivel de violencia que se vive en el país es el de los desaparecidos, que inexplicablemente no forman parte del cuadro de delitos del fuero común del SNSP. Para conocer la evolución de este gravísimo delito violento hay que consultar otra dependencia y otra página de la Secretaría de Gobernación. Entre el 1 de enero y el 18 de diciembre de 2025, el registro de personas desaparecidas da cuenta de 33 mil 595 personas desaparecidas, no localizadas o localizadas. En ese periodo: 13 mil 814 personas permanecen desaparecidas o no localizadas (41.12%), mientras que 19 mil 781 personas han sido localizadas (58.88%). De quienes fueron encontradas en 2025, 18 mil 403 fueron localizadas con vida y mil 378 sin vida. Imposible saber cuántas de esas casi 14 mil personas desaparecidas fueron asesinadas, pero no hay duda de que reflejan la brutal violencia que se vive en el país.

En síntesis, es probable que haya una reducción de los homicidios dolosos, pero con las deficiencias del sistema de clasificación y la ausencia de explicaciones sobre los “otros delitos que atentan contra la vida” es imposible cuantificar cuantos homicidios ocurren el en país.

Por otra parte, para medir el nivel de violencia a la que nos enfrentamos los mexicanos, utilizar únicamente el número de homicidios dolosos se queda muy corto. Es necesario hacer un indicador compuesto que incluya además los feminicidios, los desaparecidos y un porcentaje de los otros delitos contra la vida.

Finalmente, una recomendación. El manejo actual de la estadística de homicidios por parte del gobierno federal no genera credibilidad ni confianza y no es compatible con la seriedad de muchas acciones y operativos contra la inseguridad. ¿Qué necesidad de engañar y qué necedad de no corregir?