El presidente Donald Trump se salió con la suya. Y no lo digo por el gesto de María Corina Machado al entregarle la medalla del Premio Nobel de la Paz 2025, lo digo porque me parece que quiso humillarla al recibirla por la puerta de atrás de la Casa Blanca.
El millonario de piel naranja no le dio la calurosa bienvenida en el South Lawn (Césped Sur) porque no es jefa de Estado, eso se puede entender, ni en el Rose Garden (Jardín de las Rosas), que también se utiliza para recepciones oficiales, conferencias de prensa y la firma de algunas leyes. María Corina tampoco entró por el North Portico (Pórtico Norte) donde el inquilino de la Casa Blanca suele recibir a los invitados de honor.
María Corina Machado entró por lo que se ha denominado la "puerta trasera" de la Casa Blanca. Así literal. Su visita fue considerada de “bajo perfil” sin la presencia de prensa en el momento del ingreso, ni en el Despacho Oval. La líder opositora se reunió en privado con Trump para entregarle simbólicamente su medalla del Nobel.
Esta llegada a la Casa Blanca ha sido interpretada como una señal del tono actual de la administración estadounidense hacia la transición en Venezuela, donde Washington también ha mantenido comunicación directa con la actual presidenta, Delcy Rodríguez, que de la manera más cínica usurpó el lugar de Edmundo González quien fue elegido como primer mandatario en los últimos comicios (2024) con más de 70% de los votos.
Cuando el presidente del Nobel de la Paz se enteró del gesto de María Corina de entregarle su medalla a Trump se apresuró para tuitear que el Nobel “no es transferible”. Considerando que María Corina es una persona inteligente, me imagino que lo sabía perfectamente. El Nobel es y será de ella.
Conocí a María Corina Machado en Ginebra, Suiza, en el marco del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2015. En dicha sesión participó el dictador Nicolás Maduro que hoy reposa tras las rejas en una prisión de Nueva York. “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios”… diría Rubén Blades.
María Corina era una simple activista que alzaba la voz por cientos de manifestantes —la mayoría jóvenes—, asesinados en las marchas en las que protestaban contra la opresión del régimen, la falta de medicamentos y la escasez de alimentos básicos.
Según informes de la ONU, Maduro dio órdenes de disparar a matar a los manifestantes. Las pruebas así lo indican porque los que protestaban mostraban heridas de bala en la cabeza y en el pecho. El ejército, vestido de civil, iba en motocicletas y tiró a matar a cientos de jóvenes, muchos de ellos menores de edad. Fue un escándalo cuando la ONU dijo tener motivos suficientes para afirmar que “Maduro y sus aliados habían cometido crímenes de lesa humanidad”.
En ese tiempo yo era presidenta de la ACANU (Asociación de Corresponsales Extranjeros en Naciones Unidas), organicé varias ruedas de prensa con jóvenes que asistieron a las protestas y fueron testigos de la masacre. En ese 2015 coincidieron en el emblemático Palacio de las Naciones María Corina y su verdugo Nicolás Maduro, quien tuvo la desfachatez de presentarse al Consejo de Derechos Humanos y presumir los beneficios de la “revolución bolivariana”. Al pronunciar su discurso hubo una salida multitudinaria del consejo. Los diplomáticos se pusieron de pie, abandonaron la sala y lo dejaron hablando solo. Maduro estaba furioso.
Al salir de la Sala XX, sede del Consejo de Derechos Humanos, un grupo de periodistas lanzamos las preguntas al dictador que es alto y corpulento. Yo llego, con mucha honra, al 1.53 de estatura. Lo que se dice “petite”. Pues así y todo le pregunté a Maduro qué hacía en ese recinto si había investigaciones confiables que lo señalaban como perpetrador de crímenes contra la humanidad. El hombre buscó para abajo para detectar quién había osado hacerle esa pregunta. Se paró frente a mí y con toda su humanidad me empujó (así tal cual) y siguió de largo.
Hablamos con Delcy Rodríguez y visiblemente molesta contestó algunas de las preguntas. No recuerdo lo que dijo. Así de intrascendentes sonaron sus palabras.
En esas ruedas de prensa con la ACANU, la dirección de la ONU/Ginebra tuvo que poner seguridad especial a la entrada de la Sala de Prensa II, donde se llevaron a cabo varios encuentros con la disidencia. Desde que escuché los testimonios de esos chicos nerviosos y valientes, me dediqué a investigar y escribir sobre los abusos y terribles violaciones de DDHH cometidas por el régimen contra todo el que tuviera algún indicio de estar en contra de Maduro.
En una de las intervenciones de Caracas me crucé en el pasillo de la Sala de las Asambleas con el entonces ministro de Exteriores de cuyo nombre no quiero acordarme. Me gritó, así a grito pelado, que mi texto publicado en Notimex era malévolo.
"Su artículo es malévolo”, gritó ante los ojos de plato que pusieron los diplomáticos que presenciaron la escena. Me detuve y le contesté en voz alta: “La verdad no es malévola”, me fui despacio por el pasillo hasta que crucé la puerta y corrí a mi oficina a escribir. ¡Tengo la nota!
Lo demás ya es historia. La ONU documentó los abusos cometidos por Caracas, yo escribí sobre cada uno, incluyendo el informe en el que se pedía referir el caso a la Corte Penal Internacional (CPI) debido a la situación en el país en el que el régimen cometió desde abusos de autoridad, hasta detenciones arbitrarias, tortura, ejecuciones extrajudiciales, persecución de opositores, acoso a sus familiares y un sin fin de graves violaciones de DDHH.
Entre los ocho millones de venezolanos que se vieron forzados a dejar su país, entrevisté a su paso por Ginebra a Leopoldo López, Lilian Tintori, Rafael Ledezma, Miguel Otero, director de El Nacional, el único diario independiente que sigue vivo y al presidente legítimo de Venezuela, Edmundo González, entre otros.
Así llegamos hasta el día en que Machado fue recibida en la Casa Blanca. En teoría, lo que Trump debería hacer es referir a Maduro a la CPI, pero ya sabemos que a Trump le vale sorbete la ley y los derechos humanos al igual que a López Obrador que no se sabe a ciencia cierta dónde está, pero a quien quizá le tiembla el pulso después de la extracción del bigotón. ¿Se nos fue a La Habana a tomar el sol?
Para Trump, Maduro es parte de su colección, como la que tiene de autos de lujo. Lo quiere ahí por "narcoterrorista". Pero que conste que la CPI lanzó una orden de aprehensión contra Maduro y sería su responsabilidad enviarlo a La Haya para ser juzgado por crímenes contra la humanidad. Sin embargo, Trump lo quiere ahí en su territorio. Que se lo quede.
Después de su encuentro con Trump, María Corina Machado habló con la prensa y quiero recordar, para mi egoteca, que la primera periodista que le preguntó si le interesaría postularse para la Presidencia de Venezuela fui yo. Se lo pregunté en Oslo: ¿Cuál es tu mensaje para Maduro y si nos puedes compartir si tú quieres correr para la Presidencia de tu país? A lo que Machado contestó: “Al final la decisión ha sido de los venezolanos. Los venezolanos logramos en condiciones extremas, Gabriela, donde nadie creía que era posible. Nos dijeron, 'es una locura, es imposible', pudimos demostrar lo que nosotros queremos, de manera que aquí lo que nosotros estamos defendiendo y vamos a impulsar es la voluntad de los venezolanos”.
“Y si voy a aspirar a la Presidencia… un día a la vez. Primero lo primero, primero lo primero. Edmundo González Urrutia fue elegido presidente. Todos los venezolanos dentro y fuera del país tendrán derecho al voto sin miedo y con confianza. Vamos a ser la envidia del mundo con el sistema electoral, con el sistema judicial que tendremos, con el sistema educativo que tendremos, con el sistema sanitario que tendremos. Y si la gente se pregunta, pero ¿cómo lo hicieron si era imposible? Haremos lo posible cuando todo el mundo pensaba que era imposible”.
Hace unos meses nadie podría creer que María Corina iba a ser recibida en la Casa Blanca por el presidente de Estados Unidos. Por más ofensas que Trump le quiera hacer por haberle arrebatado el Premio Nobel de la Paz, Machado se sentó a discutir con él sobre el futuro de Venezuela. Sabe que Trump es un guarro y seguramente lo de la puerta de atrás le tiene sin cuidado. ¡Olé!
