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Si sale mal el Mundial de Futbol, culpa de Peña Nieto

Si las cosas no salen en el Mundial de Futbol 2026 van a culpar al expresidente Enrique Peña Nieto. Es más, ya lo están haciendo.

Las primeras quejas son por los acuerdos económicos que se hicieron con la FIFA. Los descuentos en impuestos por 10 años, que el gobierno de Claudia Sheinbaum consideró onerosos y negoció para que redujeran a un año, en algunos casos.

Bien por eso, siempre es importante el obtener recursos que luego sirvan al presupuesto público.

Lo que ya no es correcto, es la cantaleta constante, de Gabrielas Cuevas, la responsable a nivel gobierno de la organización, de pretender deslizar cualquier responsabilidad hacia un gobierno que concluyó hace siete años, pero que logró, con una adecuada diplomacia deportiva, que el Mundial se realice por tercera ocasión en México.

Porque, no se vale celebrar la realización, sin cuando menos admitir que resultó posible por una política internacional que merecía del respeto.

Sí, sin Peña Nieto, no habría Mundial en nuestro país, y sería difícil que quienes ahora gobiernan hubieran tenido un éxito similar, por la simple razón de que optan por referencias aldeanas y no proyectan la fuerza que el país llegó a tener en algún momento.

Lo que es un riesgo, por lo demás, es que, cuando se obtuvo la candidatura, otros vientos eran los que soplaban.

El propio presidente Enrique Peña lo dijo al señalar que el voto de los países lo fue de confianza “en la capacidad de organización, la calidad de la infraestructura y a los servicios que México ofrece.”

Desde que Víctor Montagliani, presidente de la CONCACAF y de la federación canadiense, esbozó la idea de una candidatura triple para 2026, se puso manos a la obra y en 2017 se logró el respaldo de 135 miembros de la FIFA, frente a los 65 respaldos que obtuvo Marruecos.

En efecto, el plan era contar con el Aeropuerto Internacional de Texcoco, lo que habría facilitado las conexiones y los vuelos, pero también la calidad de las carreteras en medios de transporte en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

A nivel aeroportuario el desastre es evidente, ni el más fervoroso partidario de la 4T lo puede negar. Los caminos están llenos de baches y la seguridad no puede ser garantizada en todo el territorio nacional.

Sí, sería ya temerario culpar a Peña Nieto de una destrucción posterior a su mandato y que era, por su escala, difícil de pronosticar.