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Endeudamiento estructural y no coyuntural

Desde las aulas de Grantham: Notas sobre políticas públicas y malas ideas

“No existe dinero público, solo hay dinero de los contribuyentes”

Margaret Thatcher

 

La dinámica que lleva el endeudamiento en nuestro país es preocupante. Hace 15 años, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Publico (la medida más amplia de deuda) como porcentaje del PIB era de 36%, y hoy asciende a 51.4% (estimación de SHCP). El déficit presupuestal (medido como los Requerimientos Financieros del Sector Público), y que se financia principalmente a través de deuda ha presentado niveles muy elevados. Llevamos ya seis años con déficits mayores al 3.8% del PIB alcanzando el 5.7% en el 2024.

El servicio de esta deuda implica un alto costo financiero. Hoy asciende al 3.8% del PIB, 1.5 veces más que el gasto en salud. Este costo cada vez es más oneroso y lamentablemente, tampoco ha representado mayores niveles de inversión y crecimiento económico. Mucho de este endeudamiento se ha destinado a proyectos con muy baja rentabilidad económica y social.

Si bien nuestro nivel de deuda no es alarmante en este momento, es prioritario contener la velocidad a la cual nos estamos endeudando si queremos mantener el grado de inversión.

La SHCP sostiene que puede mantener déficits anuales del 3% del PIB sin que el nivel de deuda rebase el 53% del PIB. Esto supone un mucho mejor desempeño económico que lo que hemos tenido en los últimos años. Lo anterior es poco probable ante la realidad de una economía estancada, con muy baja inversión privada y con inversión pública casi ociosa. Se requiere un mayor esfuerzo en la consolidación fiscal para reducciones más ambiciosas en el déficit.

La solución es evidente, no hay magia: Se tienen que aumentar los ingresos y/o reducir el gasto a efecto de reducir el déficit.

El aumento de los ingresos implica una reforma fiscal que el gobierno federal ha descartado en múltiples ocasiones. Nos queda la reducción en el gasto, pero tenemos un presupuesto con un altísimo grado de “rigidez” que hace muy dolorosas las reducciones.

Para darnos una idea, el servicio financiero de la deuda, las participaciones a estados y municipios, las pensiones y jubilaciones, los sueldos y salarios del sector público y los programas clientelares del gobierno ocupan aproximadamente el 65% del Presupuesto de Egresos de la Federación, dejando únicamente un 35% a repartir en lo demás como salud, educación, seguridad y/o infraestructura.

Tenemos un desequilibrio estructural, con ingresos que crecen muy poco y un gasto que crece a ritmo acelerado en rubros que es casi imposible reducir o acotar.

Por si fuera poco, la exorbitante deuda de Pemex está siendo asumida por el gobierno federal. Pemex está lejos de ser factor de crecimiento económico y se ha convertido en un pesado lastre del cual escribiremos en próximas entregas.

El endeudamiento de nuestro país dejó de ser coyuntural para convertirse en estructural. Hoy México no enfrenta una crisis de deuda, pero de no hacer algo pronto, sonaran las alarmas de la economía mexicana….