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Del populismo a lo populachero

Si algo hemos aprendido en los últimos años es que de un gobierno populista se puede esperar cualquier cosa. Siendo capaz de hipotecar el futuro nacional con ayudas clientelares y en cash para mantener el apoyo y, mejor aún, el voto popular –sin importar el endeudamiento irresponsable, la pauperización del sistema de salud y el profundo deterioro de la calidad educativa, entre otras muchas cosas que se han dejado de atender–, nada ya le puede resultar indebido o ilegítimo.

Y bien, aunque sospecho que sus niveles de aceptación están algo “cuchareados”, yo no cuestiono la popularidad presidencial como tal, sino los medios ilegales para obtenerla: la propaganda millonaria, el uso clientelar de los recursos públicos, la fusión corrupta que se hace entre partido y gobierno… En fin, todo lo que resume ese encuentro de la presidenta, hace dos semanas, con los niños y jóvenes de Ecatepec mientras repartía “su” beca Rita Zetina, pidiéndoles que defiendan a la 4T para que nunca llegue al poder otro partido, es decir, para que Morena permanezca en el poder hasta las calendas griegas. Toda una lección sobre la alternancia democrática, de la primera mandataria del “país más democrático del mundo”.

Sin embargo, eso de la popularidad hay que tomarlo con reservas. No pocos se equivocan cuando pretenden que la alta aprobación de la señora presidenta es igual para todo el gobierno; es decir, se la atribuyen y sobre todo se la distribuyen “democráticamente” haciendo cuentas demasiado alegres.

Es más, entrando a desglosar el tema, no sé qué porcentaje de la popularidad que ostenta la presidenta Sheinbaum (77,5%, dicen) se la debe al señor de Palenque, por efecto de esa creencia que ella misma ha querido inculcarnos de que fue “el mejor presidente de la historia de México”, pero sí sé que la aceptación de sus ministros no es la misma; es más, como ocurría en el sexenio pasado, a algunos funcionarios la gente ni los conoce, para no hablar de otros morenistas que aun viviendo como desaparecidos (legisladores y funcionarios diversos) confían en el manto protector de la popularidad presidencial como si fuera suya.

No me detendré aquí a revisar la metodología y profesionalismo de las encuestas que más le favorecen a la señora presidenta, pero sí debemos tener claro –como lo ha dado a conocer Latinus– que el Grupo Andrade, al que le compraron las camionetas blindadas para los ministros de la corte y que ha sido beneficiado con otros muchos millonarios contratos por el “gobierno del pueblo” de la 4T, es el dueño de El Heraldo, el periódico que las hace, y que entre 2025 y lo que va de 2026 ha publicado unas 14.

Ahora bien, a pesar de que se supone que su popularidad es enorme, la presidenta pareciera necesitar constantemente de gestos más que populistas, populacheros. El más reciente ejemplo lo refiere en La Aurora de México nuestra compañera Nancy Escobar:

“…debido a la alta demanda por los conciertos del grupo de K-Pop BTS, [Sheinbaum] envió una carta al primer ministro de Corea del Sur –después aclaró que fue al presidente de aquel país–, solicitándole que la banda asiática haga más conciertos en México o que estos sean proyectados en pantallas”.

Es decir, en un día lleno de noticias inquietantes y hasta perturbadoras, a la señora presidenta “le tomó –como nos cuenta la misma Nancy Escobar– apenas 35 segundos de su conferencia mañanera hablar de la masacre ocurrida el domingo pasado en un campo de futbol en Salamanca, Guanajuato, donde fueron ejecutadas 12 personas y heridas otras 11”, pero le dedicó más de cinco minutos al tema de K-Pop BTS, con todo y un anuncio por demás extravagante, por decir lo menos: una carta al presidente de Corea del Sur (como si este fuera manager o representante del grupo musical).

Que la primera responsable de la política exterior, según la Constitución, se ocupe de un asunto baladí –pero rentable y que produce likes– antes que de otros muchos que pintan la trágica situación que vive el país en materia de seguridad, es la expresión más populachera de su populismo, y también la que mejor retrata sus prioridades.