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Roto, el eje Caracas-La Habana-México

Donald Trump confirmó lo que en La Aurora publicamos el martes de la semana pasada: dejar de enviar petróleo a Cuba no fue una decisión soberana del gobierno de México, sino una petición de Washington.

Claudia Sheinbaum y Delcy Rodríguez, presidentas de México y Venezuela, se alinearon con el presidente de Estados Unidos para asfixiar al régimen comunista de La Habana.

Roto está, pues, el eje Caracas-La Habana-México.

Al fin, una buena noticia. Excelente.

Supongo que las bases de Morena y del Partido del Trabajo demandarán una explicación a la presidenta Sheinbaum, porque eran militantes de la causa castrista y chavista.

Como anillo al dedo de dos mujeres “fantásticas” -según describe Donald Trump a las presidentas de México y Venezuela- había caído la orden ejecutiva de la Casa Blanca de imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba.

Era una buena coartada para que Claudia Sheinbaum y Delcy Rodríguez salvaran su imagen ante los aliados políticos internos, que siempre dijeron estar del lado de la revolución cubana y hasta su sangre ofrecieron para defenderla.

De todas maneras había un detalle importante que delataba la debilidad de la excusa: la amenaza de poner aranceles a quienes vendan hidrocarburos a Cuba vino después de que los gobiernos de Venezuela y México cerraran la llave del petróleo al régimen comunista.

Semanas antes de la orden ejecutiva de Trump un buque cargado con más de 700 mil barriles de crudo mexicano, que iba a La Habana, cambió de dirección, enfiló hacia Venezuela y luego el diario 14ymedio y la periodista Nancy Escobar, de La Aurora de México, informaron que la embarcación se había desplazado hacia el Atlántico norte.

¿Por qué no desembarcó ese petróleo mexicano en Cuba, y el buque está dando vueltas en los mares escandinavos?

Ya lo sabemos, lo confirmó Trump.

Se cayeron las explicaciones que había dado la presidenta:

Pemex toma decisiones en la relación contractual que tiene con Cuba, a partir de las decisiones que se toman”, y “así como durante un tiempo no se envió y después sí se envió, y otro tiempo no se envió y sí se envió”.

Las maromas verbales ocultaban lo evidente: la decisión se tomó en un acuerdo telefónico con Trump.

El fin de semana la presidenta Sheinbaum dijo en Tijuana que “nosotros buscaremos la manera, sin poner en riesgo a México evidentemente, pero de buscar solidaridad siempre con el pueblo cubano” y alertó de una posible “crisis humanitaria de gran alcance” en Cuba al dejarla sin electricidad.

La cancillería venezolana se expresó en términos similares e hizo “un llamado a la acción colectiva de la comunidad internacional para hacer frente a las consecuencias humanitarias que deriven de agresiones de esta naturaleza”.

Ayuda humanitaria, sí. Pero de petróleo mejor ni hablamos.

Qué maravilla que esté roto el eje Caracas-La Habana-Ciudad de México.

Aunque el precio es bastante alto para los izquierdistas de café que se apoderaron de la izquierda mexicana.

(Para terminar, va una anécdota personal de aquella época “neoliberal” en que gobernaban los “lacayos del imperio”:

En 1991 era director de Notimex y fui a La Habana a firmar un convenio con la agencia de noticias del gobierno cubano, Prensa Latina.

Con ese convenio PL subió su información al satélite mexicano y desde el espacio llegaba a los medios centroamericanos donde Notimex instalaba antenas para recibir la señal.

Tal vez me equivoqué, pero lo vi como un ganar-ganar, porque los medios de comunicación que recibían Prensa Latina en Centroamérica y el Caribe (muchos), también recibirían -por un puerto de la antena- el hilo informativo de la Agencia Mexicana de Noticias.

En esa época el gobierno de México negociaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte -TLC, o NAFTA- con Estados Unidos, cuyo presidente era George H. Bush, exdirector de la CIA.

Antes de firmar el convenio, el director de Prensa Latina, el estimado Pedro Margolles, me invitó a dar una caminata y me preguntó:

-¿Estás seguro de lo que vas a firmar? Viola el embargo de Estados Unidos.

Recuerdo perfecto mi respuesta: “Pedro, soy el director de la agencia de noticias de un país soberano”.

Firmamos y se cumplió. Lo dimos a conocer con todo y foto. Nadie en el gobierno de México me reconvino o hizo alguna observación.

Pero eran otros tiempos. Los de gobiernos “neoliberales” que entregaban a “los gringos” la “soberanía nacional”).