Perversidad sibilina. Con eso de que la presidenta “es buena” y, sugirió Trump, obediente, porque él le pidió no enviar más petróleo a Cuba y ella así lo hizo, se desplomó el valor de la inconformidad pública de Sheinbaum con la decisión del presidente estadunidense de imponer aranceles a quienes envíen el energético a la isla. Y esto encaja, en cambio, con lo que ella dijo no pode informar, de la llamada del jueves de la Casa Blanca, ahora revelado por Trump con sibilina perversidad.
Autoridad moral y silencio. López Obrador solía decir que los ‘neoliberales’ no podían enfrentar al imperio porque no traían ‘autoridad moral’. Pero la docilidad de hoy conduciría a concluir la falta de autoridad moral de AMLO y los suyos. Porque esa docilidad sería la pieza de cambio para contener la presión por llevarse a algunos de ellos, señalados con cargos criminales del otro lado. Y, contra lo que hubieran hecho y dicho AMLO y los suyos ante estas muestras de anuencia a Washington, si las hubieran dado los gobiernos anteriores, ensordece el silencio de los inocentes, de los puros con la autoridad moral para evitar estos desfiguros.
El bullying del elogio. Las buenas calificaciones concedidas por Trump -y, frecuentemente, por López Obrador- a Sheinbaum suelen ser otros de sus bullying: el acoso sobre aquellos a quienes se proponen disminuir, desvalorizar para descolocarlos en su favor. El detalle está en el bullying del elogio, en que los ‘buleadores’ se colocan en un plano superior y colocan a sus aprobados en un plano inferior. Se arrogan así la potestad de aprobar o reprobar el desempeño de la presidenta. El de Trump de ahora es un aval envenenado. Pero, además, al aceptar ‘buenas notas’, la presidenta les estaría concediendo el poder también de reprobarla en el siguiente examen.
