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¿Más o mejores negocios?

Los censos económicos 2024 del INEGI reportan que los negocios grandes, con más de 250 personas ocupadas, representan apenas 0.2% del total, pero aportan más de 54% del valor agregado censal, es decir, del valor de los bienes y servicios finales que se generan en unidades económicas con establecimientos fijos o semifijos en un año. En contraste, las unidades económicas micro, con menos de 10 personas ocupadas, aportan solamente 16% del valor agregado, a pesar de que constituyen 95.4% del total de establecimientos.

Es decir que las unidades micro, que además concentran más de 40% del personal ocupado, son en promedio de muy baja productividad, ya que el mismo capital y trabajo dispuesto en negocios más grandes y eficientes supondría un PIB (el valor agregado para la economía en su conjunto) mucho más grande que el actual, así como mejores remuneraciones y prestaciones para las personas trabajadoras. De hecho, las entidades federativas donde se vive mejor tienen porcentajes relativamente menores de unidades micro.

En este sentido, un aparato económico más sano no requiere de más sino de mejores negocios. Por supuesto que se trata de una cuestión de grado ya que el tamaño óptimo de las unidades económicas es diferente según el giro y la región, pero incluso considerando eso tenemos una enorme distracción de recursos en unidades muy ineficientes, con millones de personas atrapadas en trabajos precarios y millones de microempresarios empeñados en esfuerzos que no prometen mayor cosa a lo largo de los años.

El valor social de los emprendimientos es mayor en la medida en la que estos permitan fortalecer la capacidad productiva del país, en lugar de constituirse en un espacio residual en el que se refugian quienes no encuentran cabida en negocios más modernos, eficientes y con futuro. Así las cosas, la depuración de las medidas de política pública que inhiben el crecimiento de los negocios con mayor potencial, incluyendo las que, a veces sin querer, incentivan la informalidad y la pequeña escala, así como aquellas que apoyan a los negocios exclusivamente por razón de su tamaño, hace sinergias con otras políticas de desarrollo en materia de educación, salud, infraestructura, acceso a tecnología, innovación, seguridad pública y seguridad jurídica.

En el actual entorno económico global en el que las viejas certezas han comenzado a difuminarse y en el que nos volvemos a preguntar cómo podemos hacer para crecer más y de manera más incluyente, conviene revisar muchos aspectos de nuestra organización industrial, incluyendo la pulverización extrema del capital, pero sobre todo del trabajo, que suma a las diversas explicaciones de por qué seguimos siendo un país tan desigual, tan pobre y tan incapaz de crecer para dar acomodo a las aspiraciones de progreso de millones y millones de personas que, generación tras generación, no la ven llegar y que, ante la falta de perspectivas reales de progreso por las vías socialmente constructivas, pueden caer presas de la desesperanza y verse tentadas por las conductas antisociales que plagan nuestra cotidianidad de manera casi ubicua.