Los legisladores de Morena, tanto diputados como senadores, se han convertido en dóciles ejecutores de la voluntad del Poder Ejecutivo. Nada tendría de malo, si no tuvieran una mayoría, por cierto artificial, que por su peso decide el rumbo de la productividad en las cámaras.
Los hemos visto votar, eso sí, sin leer todo lo que les mandan. Igual destruyeron el Poder Judicial que le pusieron aranceles a China. En el caso de iniciativas diseñadas por ellos, sólo tienen permiso para aprobar las intrascendentes. Ciertamente, algunas muy significativas, como el Día del Comino, momento del año dedicado a la “patriótica” actitud de no tener altura de miras y corear el mantra que les recuerda su “honor” de estar de tapete de YSQ.
Los pecados de la mayoría no sólo son de comisión, también los hay de omisión. Por ejemplo, el otrora belicoso legislador Noroña le hizo al Mandrake, es decir al mago, y desapareció una iniciativa de reforma constitucional aprobada por ambas cámaras y las legislaturas locales, con la cual se modifica el artículo 123 para establecer el salario mínimo profesional de policías, soldados, enfermeras, médicos, profesores y guardias nacionales. Así, el férreo luchador “nailon” ha impedido el aumento en los ingresos a los trabajadores de esas profesiones. El motivo es sencillo: el gobierno federal está quebrado.
También en la congeladora se encuentra la reforma para legislar la jornada laboral y disponer que no sea mayor a las 40 horas por semana. Duerme el sueño de los justos en un escritorio de la Mesa Directiva en San Lázaro. Sin embargo, las cosas se complican porque hay una iniciativa del Ejecutivo por ser dictaminada en el Senado. Son distintas y se contraponen; tal confusión es resultado de un evidente desorden en la mayoría.
Aún hay más: Morena anunció una reforma con tintes populistas y desesperados que trata de instituir la figura de jueces sin rostro. Bajo el argumento de cuidar a los juzgadores que desahogan procesos contra reos peligrosos, se pretende contravenir resoluciones de carácter internacional que condenan ese tipo de figuras por ser violatorias de los derechos humanos. Imaginemos el gusto que se darán Layda Sansores o Alejandro Armenta con este tipo de funcionarios judiciales que, desde el anonimato, podrán hacer y deshacer sin dar la cara.
Sin duda, lo más esperado para el cierre del segundo año legislativo es el debate sobre la iniciativa en materia de reforma electoral. Se trata de uno de los muchos compromisos que dejó Obrador y que, igual que otros, meten en complicaciones al gobierno. No son pocas las voces que reconocerían la prudencia de la jefa del Estado mexicano si cuando menos pospone un debate que dividirá a los mexicanos.
Veremos qué sucede y cómo los de Morena levantarán la mano.
