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Trenes… el subsidio eterno

Desde las aulas de Grantham: Notas sobre políticas públicas y malas ideas

“No existe dinero público, solo hay dinero de los contribuyentes”

Margaret Thatcher

 

El propósito de este artículo no es listar los errores de diseño y de construcción, la devastación ecológica, o la corrupción criminal que ya se asoma en el Tren Maya y en el Tren Interoceánico. Eso está ampliamente documentado. Mi objetivo es ilustrar que invertir en trenes de pasajeros es una mala idea.

El problema radica en que la inversión ferroviaria de pasajeros requiere de cuantiosos subsidios para su operación. En el mundo, muy pocas compañías ferroviarias de pasajeros presentan ingresos claramente superiores a sus gastos. Los poquísimos tramos con rentabilidad operativa son aquellos que transportan decenas de millones de pasajeros al año, tienen una alta densidad urbana, cobran tarifas elevadas y están totalmente integrados con redes urbanas… ¡igualito al tramo Hecelchakán-Calkini del Tren Maya!

En países con gobiernos democráticos y acostumbrados a la rendición de cuentas, los proyectos ferroviarios se discuten en el Congreso y se transparenta, antes de cualquier cosa, la inversión, los ingresos esperados, el costo operativo, el de mantenimiento y el subsidio futuro.

En el caso de México no es así. Ya para 2026 hay cuantiosas asignaciones presupuestales para los proyectos ferroviarios de las cuales no nos advirtieron cuando inició esta aventura férrea. Cerca de 150 mil millones de pesos, distribuidos entre la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, la Secretaría de Marina y la Secretaría de Defensa, se destinarán al Tren Maya, al Tren Interoceánico y a arrancar los nuevos proyectos ferroviarios. Estos subsidios no son temporales, son permanentes y se irán incrementando con el tiempo.

A favor de los trenes, siempre se argumenta que estos generan crecimiento regional y prosperidad. En el caso del Tren Maya y del Interoceánico hasta el momento, y con la evidencia disponible, el impacto en la economía regional sólo ha sido transitorio explicado mayormente por los cuantiosos recursos destinados para su construcción. Sin embargo, ahora que ya está terminando la etapa constructiva no está claro que se estén desarrollando mercados ni generando nuevos empleos. No hay evidencia de que con estos trenes se vaya a incrementar la productividad de la economía de la región.

Las inversiones ferroviarias y sus consecuentes subsidios tienen un altísimo costo de oportunidad. No sabemos si invertir estos recursos en otras modalidades de transporte o en educación o salud tendría un mayor retorno social y económico.

Cuando se planea inversión pública, siempre deben realizarse estudios técnicos y de factibilidad para tener claro que se invierte en proyectos que son socialmente rentables. En el caso de la inversión ferroviaria en México no ha sido así. Nunca se han hecho públicos estos estudios y valdría la pena que se hicieran. Más aún ahora que se está planeando invertir en siete tramos más. Es necesario decidir ahora si estamos dispuestos, como sociedad, a financiar estos proyectos y los exorbitantes subsidios que se requerirán para su operación en el futuro.

Hay que explicarle a nuestro gobierno que hay mejores formas de generar crecimiento regional, que los trenes no se pagan solos, que exigirán subsidios permanentes, eternos… si no se asesoran con la evidencia global en la materia, nos va a llevar el tren…