Volaron. Los medios le dieron vuelo a una promesa de inversión -pública y privada- de una cantidad en billones imposible de dimensionar por la gente, y de creer por los involucrados.
Operación aplanadora. De eso se trata, de generar percepciones de estabilidad, normalidad y prosperidad en un México seguro y justo, a través de titulares de diarios, de ‘teasers’ (los llamados de atención del inicio de los noticieros) y de redes digitales bajo control oficial. Pero difícilmente alcanzará los efectos buscados la presente operación aplanadora de la comunicación oficial. Quizás podrá contabilizar ‘cabezas’ celebratorias en periódicos de ayer, diluidas por los periódicos de hoy; acaso pueda reportar largos minutos de elogios y esperanzas en radio y tele, sin posibilidades de retención por las audiencias, así como abrumadores, pero volátiles, ‘posts’ y ‘likes’ propagandísticos en las plataformas de internet.
Septenio perdido. Y es que la comunicación pública, sin contextos de credibilidad en lectores, audiencias y ciber navegantes, no genera efectos mágicos. Aislados de la realidad, permanecen intramuros los mensajes de alto poder simbólico, como el que podría ofrecer el escenario de Palacio Nacional. Pero una hora de buenas intenciones palaciegas por parte de funcionarios y empresarios ‘quedabienes’, como los llamó ayer Jorge Castañeda en El Universal, no reponen la confianza de los inversionistas, destruida en el país en un septenio perdido para la paz y el crecimiento.
Acto de fe. No será a través de mensajes de impacto comunicacional aislados de la realidad que se repondrá la confianza, sino de la restitución del Estado de derecho, ausente en el horizonte oficial. Por ahora, escribió Alianza Salgado en Diluvio, el sitio de reflexión y análisis creado por Mauricio Merino, confiar no es un acto de certeza, sino un acto de fe. El detalle está en que los inversionistas no son creyentes.
