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Trump y AMLO: fijaciones paralelas

Más cambios de reglas. No cesan los paralelismos entre los perfiles autoritarios, los comportamientos antijurídicos (y antisociales) junto a la estela de inestabilidad, incertidumbre e incivilidad que han ido dejando a su paso Trump y López Obrador. Como AMLO respecto de las elecciones de 2006, Trump no admite su derrota de 2020. Y ambos se disponen a modificar a su conveniencia las reglas electorales. Trump quiere centralizar la organización de los comicios y, para ese efecto, se propone quitarles a los estados las funciones en materia electoral. Y quiere que sus mayorías republicanas en el Congreso lo hagan ya, para las elecciones legislativas del próximo noviembre, a fin de conservar el control de las dos cámaras.

Las prisas de AMLO. López Obrador quiere también el control total de los procesos electorales, junto a una (mayor) mutilación de la representación proporcional en el Legislativo y la disminución al mínimo de la actividad de las oposiciones, camino a un sistema de partido prácticamente único. Y lo quiere para antes de junio, a fin de librar la disposición constitucional que impide modificar la legislación electoral durante el año previo a la elección. Y de esta fijación compartida, de perpetuación en el poder, vienen las prisas que estresan la vida púbica en ambos países.

Final del juego. La presidenta Sheinbaum, heredera de la obra de demolición democrática, descalificó con sorna las preocupaciones ciudadanas por la alta probabilidad en puerta de un golpe definitivo a la democracia. El detalle está en la trayectoria de AMLO. Desde la oposición presionó y logró una sucesión de reformas que favorecieron su victoria en 2018. Y con el poder, las violó todas para imponer a su sucesora en 2024. Y ahora se dispone de plano a eliminarlas, a la manera de un trágico final del juego para la democracia.