Racionamiento de combustible, priorización del teletrabajo y clases semipresenciales, son algunas de las medidas del gobierno cubano
Racionamiento de combustible, priorización del teletrabajo y clases semipresenciales, son algunas de las medidas del gobierno cubano

La crisis energética que atraviesa Cuba ya comenzó a impactar de forma directa en uno de los sectores clave para la economía de la isla: el turismo. El gobierno cubano inició el cierre parcial de hoteles y el traslado de turistas a otras instalaciones como parte de un plan de emergencia para reducir el consumo de combustible, confirmaron a varios medios fuera de la isla, fuentes del sector.
Frente a este panorama, el gobierno activó un plan de emergencia que incluye racionamiento de combustible, priorización del teletrabajo, clases semipresenciales en universidades y ajustes en sectores considerados estratégicos, como el turismo.
La medida se da en un contexto de escasez severa de hidrocarburos, agravada por las dificultades para importar petróleo y por el deterioro del sistema eléctrico nacional, basado en centrales termoeléctricas obsoletas y una generación distribuida que depende de combustibles importados.
El viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga reconoció en la televisión estatal que se diseñó una estrategia para “compactar” las instalaciones turísticas, optimizar recursos y sostener la operación durante la temporada alta.
Aunque no se ofrecieron detalles oficiales, ya se han cerrado algunos hoteles y los turistas internacionales están siendo reubicados, principalmente en destinos como Varadero y los cayos del norte del país.
El ajuste ocurre mientras cadenas extranjeras como Meliá, Iberostar y Blue Diamond —principales operadoras hoteleras en la isla— enfrentan una caída prolongada en la ocupación y un entorno operativo cada vez más complejo.
La decisión llega cuando el turismo cubano atraviesa su peor momento en más de dos décadas. En 2025, la isla recibió apenas 1.8 millones de visitantes internacionales, el registro más bajo desde 2002 —excluyendo los años de la pandemia—, muy lejos del pico histórico de 4.7 millones alcanzado en 2018, durante el periodo de distensión con Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama.
La recuperación nunca llegó tras el endurecimiento de sanciones durante el primer mandato de Donald Trump, a lo que se sumaron la pandemia, la reducción de rutas aéreas y el deterioro de los servicios provocado por la crisis económica y energética. Incluso los principales mercados emisores, Canadá y Rusia, registraron fuertes descensos interanuales el año pasado.
Desde mediados de 2024, Cuba enfrenta apagones recurrentes y restricciones energéticas debido a averías constantes en sus termoeléctricas y a la falta de divisas para importar combustible.
A este escenario se sumó la cancelación del suministro procedente de Venezuela y, más recientemente, el aumento de la presión estadounidense, con una orden ejecutiva firmada a finales de enero que amenaza con sanciones a países que vendan petróleo a la isla, incluido México, que suspendió desde diciembre el petróleo que enviaba.
El presidente Miguel Díaz-Canel enmarcó estas decisiones dentro de una lógica de resistencia histórica y retomó el concepto de la “opción cero”, diseñado durante el Periodo Especial de los años noventa, cuando Cuba enfrentó un escenario de colapso energético tras la caída del bloque soviético.
En una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros, el mandatario aseguró que el país saldrá adelante pese al “bloqueo energético”.
Aunque el turismo sigue siendo vital por su aporte de divisas, la prioridad inmediata parece ser garantizar la estabilidad mínima del sistema eléctrico y evitar un colapso mayor en los servicios básicos.
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