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La sucesión en Sinaloa

Culiacán, Sin.- Sinaloa es una de las entidades donde habrán de renovarse los poderes locales en 2027. Actualmente Morena ejerce un control casi absoluto en el estado, pero nada está escrito. Tiene la gubernatura, las senadurías, las diputaciones federales, y amplia mayoría en las diputaciones locales y en los gobiernos municipales. Además, los partidos de oposición están totalmente fracturados y carecen de liderazgos políticos.

Entonces, hoy por hoy, la disputa por la gubernatura se lleva a cabo sólo al interior del partido en el gobierno. El gobernador Rubén Rocha ha mostrado particular interés por dejar un sucesor que cuide su espalda cuando deje el cargo. Prematuramente abrió el juego electoral con la intención de perfilar a su propio candidato para 2027, pero también para designar sustituto en caso de que anticipadamente se le obligue a dejar el poder estatal.

Desafortunadamente para él, en el gabinete de gobierno no abundan las buenas cartas de presentación para participar en el juego sucesorio. Sus colaboradores carecen de iniciativa propia, tienen escaso vínculo con la ciudadanía, y han mostrado poca capacidad operativa para hacer frente a los problemas de Sinaloa.

Es de sobra conocido que inicialmente el gobernador Rocha promovió la candidatura del actual senador Enrique Inzunza, y comenzó a preparar a la diputada federal Graciela Domínguez, en caso de que se opte por una mujer. Pero algo sucedió en el camino. Inzunza recibió buena parte de las mismas acusaciones mediáticas que se hacen hacia el gobernador, y optó por bajar la intensidad de su proselitismo. Por su parte, Domínguez no logró crecimiento en la preferencia electoral.

Recientemente, el gobernador empezó a promover a Juan de Dios Gámez, alcalde de Culiacán, y a la diputada local María Teresa Guerra. El primero, es un ilustre desconocido que ha sido fantasmal ante los gravísimos problemas de inseguridad pública y de deterioro económico que desde hace 18 meses han tenido a Culiacán como epicentro. La segunda hace lo imposible para posicionarse electoralmente, pero poco avanza. Al margen de los intereses del gobernador Rocha, una fracción de Morena impulsa la candidatura de la senadora Imelda Castro. Pero desde el poder estatal le ponen obstáculos.

La realidad indica que, para el gobierno de Sheinbaum, Sinaloa es una molesta piedra en el zapato. La entidad presenta graves problemas de inseguridad y deterioro económico, que también repercuten en el gobierno federal. Por ello, es altamente probable que no se vaya a permitir que el gobernador designe sucesor. Ante el descrédito del Ejecutivo estatal, la Presidencia está obligada a intervenir en Sinaloa. Además, hay indicios de que aquí cederán la candidatura a su aliado, el Partido Verde.

La sucesión en Sinaloa será un intento de lavar la cara de Morena, después del enorme fracaso que han tenido como gobierno. Es inevitable que, muy pronto, el conflicto entre rochismo y morenismo escale a proporciones inimaginables. En tanto, los partidos opositores continúan ausentes en la fuerte disputa que hoy existe por la gubernatura de Sinaloa.