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El Estado se retiró… y el sarampión regresó

Desde las aulas de Grantham: Notas sobre políticas públicas y malas ideas

“No existe dinero público, sólo hay dinero de los contribuyentes”

Margaret Thatcher

 

El resurgimiento del sarampión no es “mala suerte epidemiológica”. Es el resultado directo del abandono irresponsable de las campañas de vacunación.

En México se había eliminado la transmisión endémica desde hace tres décadas. En 1996 se alcanzó la cobertura en vacunación necesaria para que un caso aislado de sarampión no se convirtiera en un brote (95% con doble aplicación). La eliminación de las campañas masivas de vacunación terminó con el escudo sanitario que durante décadas se había construido en nuestro país. La vacunación dejó de ser una política de Estado para convertirse en un trámite administrativo. La cobertura en vacunación disminuyó del 95% que habíamos alcanzado en 1996 a 76% con primera dosis y a 74% con segunda dosis para 2023 (según datos de la Organización Panamericana de la Salud). Cuando esto sucedió, no sólo nos hicimos vulnerables a los virus, sino que perdimos nuestras capacidades institucionales para enfrentar lo que era inevitable: el resurgimiento de enfermedades ya superadas, como es el caso del sarampión.

El año pasado, como consecuencia de una mala política preventiva, resurgió el sarampión. Y ante el desmantelamiento del sistema nacional de vacunación nos encontramos sin la capacidad de enfrentar con rapidez y efectividad esta desgracia: no había vacunas suficientes; no teníamos la cadena de frío necesaria para preservar la integridad de las pocas dosis disponibles; faltaba personal capacitado para campañas de vacunación intensivas, y con información fragmentada y poco transparente sobre la magnitud de los casos. En síntesis, el gobierno humanista de la cuarta transformación había abandonado a su suerte a su población.

Uno de los estados más afectados fue Chihuahua. Su condición de estado fronterizo, con importantes grupos poblacionales que rechazan vacunarse (la comunidad menonita, por ejemplo) y con fuertes flujos migratorios de otros estados hizo que resurgiera con fuerza el sarampión. Afortunadamente, el gobierno estatal actuó con rapidez, pudo vacunar a gran parte de su población y logro contener el brote. Hoy, aunque un número importante de los casos registrados desde enero de 2025 es en Chihuahua, se registran solamente uno o dos casos nuevos por quincena. Lamentablemente no es así en todo el país. Los datos que se reportan de Jalisco y de la CDMX son muy preocupantes.

El sarampión es un ejemplo de lo que puede avecinarse. El desabasto de medicamentos y vacunas, el abandono en el que se tiene a la infraestructura médica, y la pérdida del nuestro ejército sanitario son omisiones de política pública que cobran vidas de mexicanos. El sarampión no es sólo un virus que regresa, es el síntoma de un sistema de salud que dejó de prevenir. Esta negligencia criminal tiene nombres y apellidos, basta con recordar el desastroso manejo que de la pandemia de AH1N1 hizo el gobierno de López Obrador para encontrar a los responsables.

Y mientras aquí en México muchas familias sufren por la falta de atención médica, Hugo Lopez-Gatell vive y duerme tranquilo, sin ronchas de sarampión, en su residencia de Europa…