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La precariedad del empleo

Frente a una dinámica demográfica que presenta crecientes cantidades de mujeres y hombres jóvenes que demandan servicios educativos, de salud, vivienda y empleo, poco puede ofrecer una economía que no crece o crece poco. Desde mediados de los años 80 en México se hablaba del Bono Demográfico, el cual, ante las condiciones de esa década algunos llamamos Drama Demográfico, pues no se veía capacidad para crear el número de empleos, y además formales, que se necesitaban: entre 800 mil y 1 millón 200 mil plazas laborales al año. Actualmente persiste esta situación con la amenaza adicional de los avances tecnológicos, la robótica y la inteligencia artificial que desplazarán una mayor cantidad de personas en diferentes tipos de actividades.

El INEGI identifica 60.4 millones de población ocupada. El IMSS informó que al 31 de enero de 2026, sin considerar a los trabajadores de las plataformas digitales, tenía un registro de 22.5 millones de trabajadores. Asimismo, se estima que alrededor de 5 millones de personas están empleadas en el sector gobierno (empleados federales, estatales y municipales); una parte de estos no necesariamente bajo condiciones de formalidad. Si a ello se agrega alrededor de un millón 500 mil empleados de plataformas digitales recientemente “formalizados”, se tiene un total de 29 millones de trabajadores con vínculos laborales verificables con entes públicos y empresas privadas. La otra mitad es población ocupada que no cuenta con una relación laboral verificable o formal.

Por otra parte, el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza que se refiere al porcentaje de población con un ingreso laboral per cápita insuficiente para adquirir la canasta alimentaria, identifica que 34 de cada 100 ocupados está en esta situación; igualmente, una tercera parte de los trabajadores y empleados se encuentra en condiciones críticas de ocupación, es decir, trabajan menos de 35 horas a la semana por razones ajenas a sus decisiones, o trabajan más de 35 horas semanales todos ellos con ingresos mensuales inferiores al salario mínimo, o bien laboran más de 48 horas semanales y ganan hasta dos salarios mínimos. Como país, superar esta precariedad laboral debe ser una prioridad del desarrollo.